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El Campo de los Sueños

“Aquí soy un ser humano”: Así vivía un pelotero de raza negra en la Liga Mexicana de Jorge Pasquel

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El Diablo Wells junto una leyenda de raza blanca, Rogers Hornsby, ambos con los Azules de Veracruz

A finales de los años 30 y la mayor parte de la década de los 40, la Liga Mexicana de Beisbol, impulsada por el ideal de Jorge Pasquel, fue un santuario para los mejores peloteros de raza negra que hasta 1947 estuvieron segregados para jugar en las Grandes Ligas. El Diablo Wells fue el mejor ejemplo de ello.

Pero más allá de lo beisbolístico, las personas de raza negra en Estados Unidos estaban impedidas legalmente para tener una vida igual que un blanco. No podían alojarse en los mismos hoteles, comer en los mismos restaurantes o utilizar los mismos baños. En el transporte público tenían que viajar en la parte trasera aunque el resto del vehículo fuera desocupado; no podían inscribirse en las mejores escuelas y universidades del país. Legalmente, sobre todo en los estados del sur de Estados Unidos, eran ciudadanos de segunda clase.

Al no poder jugar en Grandes Ligas, los peloteros de raza negra tuvieron que organizar sus propios circuitos: las Ligas Negras. Eran ligas con condiciones de trabajo, alojamiento, organización y paga muy desfavorables. Por eso, cada vez más, los mejores peloteros estadounidenses de raza negra comenzaron a dejar sus contratos en las Ligas Negras para venir a jugar a México, donde no solo encontraban mejores condiciones laborales, sino también sociales.




El mejor ejemplo de ello, y la mejor explicación, la ofreció Willie Wells en mayo de 1944. Era una entrevista que ofreció al periodista Wendell Smith del diario Pittsburgh Courier y que quedaría para la inmortalidad.

“Entiendo que hay mucha animadversión hacia mí en los Estados Unidos porque dejé a los Newark Eagles para volver aquí a jugar pelota”, confió Wells al periodista. “Odio eso, pero siempre hay dos versiones para toda historia”.

Willie Wells dejó claro que en su salida del equipo Newark Eagles de la Ligas Negra influyeron cosas mucho más importantes que el dinero.

“Volví aquí para jugar beisbol con el Veracruz, porque tengo un mejor futuro en México, que en los Estados Unidos”, reflexionó Wells. “Yo quería quedarme en Newark porque considero buenas personas al señor y la señora Manley, los dueños del equipo de Newark. Pero no me podían ofrecer nada como lo que yo disfruto jugando para el Veracruz. No solo me pagan más dinero aquí, sino que vivo como rey”.

Algunas personas juzgan mi situación simplemente desde la perspectiva del dinero, pero es mucho más que eso. En primer lugar, en México no enfrento ningún problema de índole racial. Cuando viajo con el equipo de Veracruz, nos quedamos en los mejores hoteles, comemos en los mejores restaurantes, y vamos a donde queremos. Tú lo sabes, tan bien como cualquier otra persona de raza negra, que en Estados Unidos no gozamos de esos mismos privilegios. Allá nos quedamos en hoteles que están lejos de ser los mejores, y comemos solo donde nos aceptan. Hasta hace poco, los jugadores negros teníamos que viajar en autobuses, mientras que en México siempre hemos viajado en tren”.

En México, los peloteros de raza negra eran admirados sin ninguna restricción por la afición mexicana. Pero igualmente eran bien recibidos en los más selectos círculos sociales de la época en el país, lo mismo por los grandes actores y directores de la época de oro del cine mexicano, que por los grandes pintores muralistas y surrealistas que le daban vida a la vida intelectual mexicana.

“Los peloteros en equipos de la Liga Mexicana viven como ligamayoristas”, enfatizaba Wells. “Todo lo que tenemos es de primera clase, además del hecho de que aquí la gente es mucho más considerada que el aficionado estadounidense. Aquí somos héroes, no solo peloteros”.




En México, a Willie Wells se le bautizó como el Diablo por su agresividad para jugar el beisbol. Velocidad para ir siempre por la base extra, su astucia en el robo de bases y los toques de bola, y una gran habilidad como campocorto, le valieron ese mote diabólico a Wells.

No solo las condiciones sociales eran atractivas, sino también las económicos. Impulsada por el millonario Jorge Pasquel, la Liga Mexicana ofrecía grandes salarios y prestaciones para tener la mejor calidad posible de espectáculo beisbolístico en los parques mexicanos.

“Y otra cosa: que no te digan que los dueños de los equipos en las Ligas Negras de Estados Unidos pueden igualar los salarios que se pagan en la Liga Mexicana”, explicaba Wells. “Newark me ofreció un buen salario, pero no hay forma de que puedan igualar lo que obtengo aquí. El Veracruz, y los otros equipos en la Liga Mexicana, son patrocinados por grandes empresas o por empresarios ricos. Si quieren un pelotero de los Estados Unidos, pueden conseguirlo simplemente pagando más que los dueños estadounidenses”.

Aquella gran entrevista que le hizo Wendell Smith al Diablo Wells llevaba la intención, por parte del jugador, de dejar en claro que su salida de Estados Unidos era una protesta, más que una decisión económica. El problema no eran las Ligas Negras, los Newark Eagles o sus dueños. El problema de raíz radicaba en los prejuicios raciales que imperaban en Estados Unidos.

“Me iba a quedar en los Estados Unidos y jugar para Newark, simplemente porque quería quedarme en casa por un año. Sin embargo, los propietarios del Veracruz me hicieron una oferta tan alta que no pude rechazarla”, explicaba Wells. “Entiendo que los propietarios de Newark estén molestos, pero también creo que un pelotero, o cualquier trabajador, debería poder aprovechar cuando le llegan mejores oportunidades. No dejé Newark para irme con otro equipo de los Estados Unidos. Realmente dejé el país. Me parece que tengo el perfecto derecho de hacerlo”.

Una de las principales razones por las que volví a México, es porque aquí he encontrado libertad y democracia, algo que nunca encontré en los Estados Unidos. Allá se me etiquetaba como negro, y todo dependía de ello. Todo lo que hacía, hasta jugar beisbol, estaba regulado por mi color. Ni siquiera me daban oportunidad de jugar en Grandes Ligas porque soy negro, a pesar de que aceptaban cualquier otra nacionalidad”.




En México pasaban cosas inusitadas para los esquemas raciales que prevalecían en Estados Unidos. En la Liga Mexicana, un jugador estadounidense de raza blanca, podía tener un mánager negro. O un jugador negro podía tomar el lugar de una leyenda blanca. Eso lo vivió Willie Wells en carne propia.

En 1944, Rogers Hornsby, pelotero estadounidense de raza blanca y con 48 años de edad, estaba culminando una carrera de leyenda que lo llevó a ganar siete campeonatos de bateo en las Grandes Ligas. Jorge Pasquel lo contrató para ser mánager y jugador de los Azules de Veracruz en ese sueño pasqueliano de que en los parques mexicanos se enfrentaran los mejores peloteros de raza negra, los mejores de raza blanca y los mejores latinos. Pero el legendario jugador ligamayorista no logró hacer funcionar al Veracruz, ni aceptar las condiciones de igualdad racial del beisbol mexicano.

El Diablo Wells junto una leyenda de raza blanca, Rogers Hornsby, ambos con los Azules de Veracruz

El Diablo Wells junto una leyenda de raza blanca, Rogers Hornsby, ambos con los Azules de Veracruz

Jorge Pasquel decidió no tolerar los prejuicios raciales de Hornsby ni su incapacidad para hacer ganar al Veracruz y lo echó del timón. En su lugar, nombró a Willie Wells como mánager. Esa era otra cosa que el Diablo Wells quería enfatizar en la entrevista: es tu habilidad para jugar y entender el beisbol, no tu color, lo que realmente importaba en México.

“Aquí en México, soy un ser humano. Aquí puedo ir tan lejos hasta donde quiera y pueda ser capaz de llegar en el beisbol. Puedo vivir donde me plazca sin encontrar restricción alguna por mi color de piel. Así que, como puedes ver, todo eso tiene mucho qué ver en mi decisión de volver aquí”.

El Campo de los Sueños

La llegada de Jorge Pasquel a la Liga Mexicana y las 7 semejanzas con la crisis actual de la liga

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La crisis reciente que vivió la Liga Mexicana de Beisbol, con dos grupos enfrentados por visiones distintas sobre el rumbo que debe llevar el circuito, no es nueva.

En realidad, guarda muchas semejanzas con otra crisis que se vivió en 1940, y que fue provocada por la llegada de Jorge Pasquel a la Liga Mexicana. Aquella crisis terminó en una ruptura, y en la creación de dos ligas, pero esa es solo una de las múltiples coincidencias. En realidad, muchos de los argumentos y maniobras que hoy se utilizan, fueron también aplicadas en aquel momento.

Como en aquella ocasión en que llegó Jorge Pasquel, hoy la llegada de nuevos dueños con distintas estrategias y visión, ha generado discordancia.




1. Dos grupos

En el último par de años, la Liga Mexicana de Beisbol estuvo dividida en dos facciones. Por un lado, un grupo de propietarios que han llegado a la liga en años recientes, al que llamaremos Grupo Nuevo para rápida identificación. Por el otro lado, el grupo que estuvo liderado por los dueños que tenían más tiempo en la liga, al que nombraremos Grupo Tradicional.

El Grupo Nuevo empezó a conformarse de cara a la temporada de 2014, cuando Alberto Uribe compró una franquicia para llevarla a Tijuana, mientras que los hermanos Juan José y Erik Arellano adquirieron a los Leones de Yucatán. A finales de ese mismo año se oficializó la compra de los Pericos de Puebla por parte del empresario Gerardo Benavides.

Uribe, los hermanos Arellano y Benavides, por una afinidad de visión, se alinearon de forma casi natural en el liderazgo del Grupo Nuevo, bloque que creció cuando los Arellano compraron también la franquicia de Torreón de cara a la temporada 2016, y cuando Benavides adquirió el equipo de Monclova previo a la campaña 2017. A ese grupo que ya conforman Tijuana, Yucatán, Torreón, Puebla y Monclova se unieron en su momento Veracruz y Aguascalientes. Siete en total.

El Grupo Tradicional fue encabezado en su momento por Roberto Mansur y Alfredo Harp, de Diablos Rojos y Guerreros de Oaxaca; Carlos Peralta, de Tigres; y José Maiz y Roberto Magdaleno, de Sultanes. A ellos se sumaron los equipos de Campeche, Tabasco, Saltillo y Durango (antes Delfines del Carmen). Ocho clubes.

Además, está el caso de los Bravos de León, que se incorporó a la liga para 2017 y que ha sido una organización que ha coqueteado con ambos bandos, pero con una inclinación natural hacia el bloque de nuevos dueños.

Al igual que en 2016, Jorge Pasquel, como dueño nuevo se encontró también en 1940, cuando llegó a la liga, con un grupo en desacuerdo a sus intereses. Cuando se anunció que Pasquel entraba a la Liga Mexicana con un nuevo equipo, los Azules de Veracruz, los dueños de los Cafeteros de Córdoba y el Águila de Veracruz encabezaron un movimiento disidente, al que sumaron a los Alijadores de Tampico, al Anáhuac y el Comintra, además de los Gallos de Santa Rosa.

A favor de Pasquel, el único equipo que no estaba involucrado en el movimiento disidente era el Monterrey. Posteriormente, los directivos de los Gallos de Santa Rosa también se salieron del grupo disidente. Rápido, Pasquel operó para sumar un equipo de Nuevo Laredo, la Junta, y otro en Torreón, el Unión Laguna. Nació también un nuevo equipo en la capital del país, los Rojos del México.




2. ¿Dos ligas?

Ante los desacuerdos que prevalecieron con el paso de las asambleas, los propietarios del Grupo Tradicional amenazaron con formar su propia liga. Esto claramente desembocaría en un cisma como el que ocurrió en 1940.

La pugna contra la llegada de Pasquel terminó con que el grupo encabezado por Córdoba y el Águila armara su propia liga, la Cismática, y dejara a Pasquel con sus aliados en otra liga, la Mexicana.

Al final, fue la liga del magnate la que prevaleció gracias a dos jugadas maestras de Pasquel. La primera, comprarle el Parque Delta a la Compañía de Luz y Fuerza. El Delta era el principal parque de la capital del país y donde jugaban dos equipos del bando rival, el Comintra y el Agrario (Anáhuac). Luego, dio otro golpe letal contra el Águila, al comprar el Parque Deportivo Veracruzano. Con esto, despojó a los antiguos equipos de los parques donde jugaban y tuvieron que improvisar otros terrenos. La afición no respondió con el mismo entusiasmo en la nueva ubicación y eso terminó por ponerle fecha de muerte a la Liga Cismática que solo duró un año y tuvo que cortar temprano su temporada frente a las pérdidas que acumulaba.

Al final, la amenaza de cisma en 2016 en la liga fue frenado gracias a una intervención del beisbol organizado de Estados Unidos que fungió como árbitro.

3. Remoción polémica del presidente de la liga

En enero de 2017, el Grupo Tradicional al ser mayoría en la asamblea, destituyó al presidente de la Liga Mexicana, Plinio Escalante, a quien señalaban de favorecer al Grupo Nuevo.

Esto también ocurrió en 1940. El grupo antagónico a Jorge Pasquel organizó una asamblea extraordinaria por sorpresa y anunciaron que Ernesto Carmona quedaba removido de la presidencia de la liga. El único equipo que no participó en el cuartelazo era el Monterrey, que envió un comunicado en que reprobaba el golpe, y notificaba que seguía reconociendo a Ernesto Carmona como presidente y a Fray Nano como comisionado. Posteriormente, los directivos de los Gallos de Santa Rosa también se salieron del grupo golpista argumentando que la dirigencia de los Cafeteros de Córdoba los habían engañado para meterlos a la disidencia.

Al final, Carmona y compañía se quedaron en la Liga Mexicana de Jorge Pasquel, mientras que la Liga Cismática organizó su propia directiva.




4. ¿Espectáculo o mexicanos?

Los dueños actuales de los clubes en la Liga Mexicana pasan por un dilema similar al que provocó Jorge Pasquel cuando apareció en la liga a finales de 1939. Por un lado, el Grupo Nuevo pugna por una liga de espectáculo; que sea un torneo en el que se invierta mucho dinero para atraer al aficionado y generar ganancias. Buscan llegar a eso abriendo sin límites el mercado de los jugadores mexicoamericanos, y aumentando el tope de extranjeros.

El otro bando, el Grupo Tradicional, busca una liga que dé prioridad al jugador nacido y formado en México, y pugnó por limitar el número de mexicoamericanos y reducir lo más posible la cuota de extranjeros.

Tanto el Grupo Nuevo hoy, como Jorge Pasquel en 1940, encontraron para la Liga Mexicana un mercado de talento que estaba intacto, vasto, y con alto nivel de calidad. Para el Grupo Nuevo, este mercado es el de los mexicoamericanos; y para Jorge Pasquel, en su momento, fueron los jugadores afroamericanos estadounidenses que no podían jugar en las Grandes Ligas porque estaban vetadas para los jugadores de raza negra.

La situación de los mexicoamericanos hoy, es muy similar a la de los jugadores negros de 1940. Son jugadores de gran nivel que, ignorados por las Grandes Ligas, tienen que encontrar trabajo en ligas independientes, y para quienes un salario de Liga Mexicana es muy superior a lo que percibían en las ligas independientes, lo mismo hoy como en las Ligas Negras en los 40.

Cuando Jorge Pasquel llegó a la Liga Mexicana logró que el límite de extranjeros se subiera de cuatro a siete por equipo, aduciendo que debía buscarse un mejor espectáculo. Y lo consiguió, pues en ese 1940 se vio la que quizás la temporada con más calidad en la historia del circuito. En esa temporada participaron en la Liga Mexicana ocho jugadores que hoy están en el Salón de la Fama de Cooperstown.

Los Azules de Veracruz de Jorge Pasquel en 1940




5. Paridad

Pese a que en un inicio, Jorge Pasquel nutrió a su equipo, los Azules, con lo mejor que pudo encontrar y arrasó en la temporada, rápido se dio cuenta de que el espectáculo también debía ir emparejado a la paridad. Una liga desbalanceada implica menos atractivo para el aficionado.

La oficina de la liga se convirtió en un centro de control, no solo administrativo, sino también financiero. Pasquel promovió que por cada peso que entrara a la taquilla, 75 centavos irían a una bolsa para ser distribuido de forma equitativa entre todos los equipos, y los 25 centavos restantes le quedaban al equipo local. Todos los gastos de logística, como transportación y demás, serían enviados cada mes a los equipos, procedentes de la bolsa de la liga. Lo que quedara como ganancia, se repartiría de forma equitativa. Era un sistema adelantado a su tiempo, muy parecido al mecanismo de distribución de ingresos que rige a las Grandes Ligas, y a otras ligras profesionales de Estados Unidos.

La figura del comisionado se encargaría, además, de contratar peloteros para la liga y de asignarlos a cada equipo en base a sus necesidades deportivas. Esto llevaba el objetivo de evitar que los equipos ricos dominaran la liga.

La disparidad entre los equipos ricos y los chicos está hoy en el centro de la discusión de la crisis de visión que vive la Liga Mexicana. Los equipos líderes, tanto del Grupo Nuevo como del Grupo Tradicional en la LMB son equipos ricos, a los que divide el enfoque de lo que la liga debe ser, si una liga de espectáculo o una de desarrollo de talentos. Pero, más allá de los equipos líderes, en cada grupo hay equipos chicos que se suman a uno u otro bloque, buscando el modelo de gestión que mejor aporte al balance deportivo.

Si no hay límites de mexicoamericanos ni límites salariales, entonces los equipos ricos serán los que acaparen el talento. Si se ponen límites, entonces quedará más talento de mexicoamericanos disponible y dispuesto a firmar por menos dinero. Por el otro lado, hay equipos chicos que ven en los peloteros extranjeros a su única manera de competir, pues no tienen dinero para visorear por todo el territorio nacional, ni pagar para firmar jugadores jóvenes y luego pagar aún más para desarrollarlos. A esos equipos les resulta más barato firmar un extranjero que desarrollar 10 jóvenes durante tres o cuatro años sin saber si llegarán a ser titulares en Liga Mexicana.




6. Menos gobierno y más iniciativa privada

Hasta antes de 1940, muchos de los equipos de la Liga Mexicana dependían de dinero público. Había equipos como el Agrario, que era subsidiado por la Secretaría de Agricultura; el Comintra, que era respaldado por la Secretaría de Comercio, Industria y Trabajo. Además, otros equipos como el de Tampico era mantenido por el gremio de alijadores del puerto.

Cuando colapsó la Liga Cismática, el equipo de Tampico, que se había marchado de la Liga Mexicana, tuvo que ser vendido por el gremio de alijadores a un grupo de capitalistas privados y rentar su parque. Fue así que Jorge Pasquel los recibió de nuevo en la Liga Mexicana a media temporada, y curiosamente, con el mismo récord que llevaban en la liga disidente. Los Gallos de Santa Rosa también presentaron problemas durante la temporada de Liga Mexicana y tuvieron que mudarse a Chihuahua a media campaña.

Al año siguiente, en 1941, se dio un caso muy similar con Puebla, que originalmente fue un club nuevo jugando en la Liga Cismática. Los dueños que habían pedido su ingreso con el grupo disidente no pudieron seguir operando, y vendieron el parque y el equipo a Jorge Pasquel, quien a media temporada lo trasladó de Puebla a Veracruz para convertirlo nuevamente en el Águila, con nueva directiva.

Cuando se dio el cisma, salieron de la Liga Mexicana los equipos que eran propiedad del gobierno o de gremios sindicales, y los que entraron eran operados por capitalistas privados. Salió el Comintra, el Anáhuac (antes Agrario), los Alijadores de Tampico, todos ellos operaban con dinero público, además del Córdoba y el Águila, propiedad privada pero enfrentados a Pasquel. Para la temporada 1940, se quedaron Monterrey y Santa Rosa, y llegaron Torreón, Nuevo Laredo, el México, y los Azules, todos propiedad privada.

Esto también tiene su paralelismo con lo que ha buscado el Grupo Nuevo en la actualidad. La Liga Mexicana entró en una fiebre por recibir apoyos de gobiernos municipales y estatales, en la cual hubo equipos que llegaron a depender enteramente de estos subsidios, y una vez que cambia el gobierno que entregó los apoyos, llegan los problemas. En abril de 2015, un reportaje del semanario Proceso documentó que 7 de los 16 equipos recibían apoyos gubernamentales.




7. El triunfo contundente de un bando

La crisis que vivió la Liga Mexicana en el invierno de 2016 y comienzos de 2017 terminó con el triunfo del Grupo Nuevo, que logró hacer prevalecer su visión al lograr la implementación de la regla que quitaba las restricciones a la contratación de mexicanos nacidos fuera del territorio nacional.

La decisión orilló a Carlos Peralta, propietario de Tigres y uno de los líderes más visibles del Grupo Tradicional a vender su franquicia y retirarse de la liga.

Posteriormente, otro peso pesado del bloque, los Sultanes de Monterrey, sufrieron transformaciones profundas. Su propietario Pepe Maiz vendió una cantidad considerable de acciones al poderoso grupo regional de medios de comunicación, Multimedios, y con ello cedió también el control de la operación del equipo. Salió Roberto Magdaleno, un directivo de muchos años y experiencia en la liga y claramente alineado a la visión del Grupo Tradicional.

El último golpe importante recibido por el Grupo Tradicional fue la salida de Roberto Mansur de los Diablos Rojos del México. El directivo argumentó un retiro voluntario, pero muchas versiones apuntan a un despido por parte del propietario Alfredo Harp. Mansur había sido quizás la voz más activa en defensa de una política de más desarrollo de peloteros nacidos en México y no tanto espectáculo.

Al igual que cuando llegó Jorge Pasquel, se impuso la visión del espectáculo y el negocio. En su momento, los equipos que se separaron de la liga con la llegada del empresario, terminaron por sucumbir y regresar a la liga años después con otras directivas, mientras la liga de Pasquel entró en una época dorada, quizás la mejor en la historia de la liga.

Mucho espectáculo, pero poco desarrollo. Con la cantidad de peloteros extranjeros de gran calidad que jugaban en México en los años 40, solo los mejores mexicanos encontraban cupo, y se frenó el desarrollo del pelotero nacional. Hasta 1950, solo cuatro mexicanos habían llegado a las Grandes Ligas, y de ellos, solo el Chile Gómez y Beto Ávila habian sido producto del beisbol mexicano.

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El Campo de los Sueños

Cuando la Liga Mexicana pagaba mejores salarios que Grandes Ligas

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La Liga Mexicana de Beisbol puede presumir que en algún momento pagó salarios más altos que Grandes Ligas. Y eso se debe al millonario Jorge Pasquel, quien en 1946 decidió que quería poner a la Liga Mexicana al nivel de las Ligas Mayores y ofreció salarios espectaculares a jugadores estadounidenses para que vinieran a México.

Una copia del contrato que Mickey Owen firmó con Jorge Pasquel para venir a jugar y dirigir al Unión Laguna en la Liga Mexicana de Beisbol en 1946 asienta que el jugador percibiría un total de 27,500 dólares por toda la temporada. La cantidad estaba dividida en su salario anual de 15,000 dólares más un bono por firmar de 12,500 dólares.

Como presidente de la Liga Mexicana, esa era la manera de Jorge Pasquel de seducir a los jugadores de Grandes Ligas para venir a jugar en 1946. Antes de venir a México, Owen era un receptor estelar con los Dodgers de Brooklyn y había asistido a cuatro Juegos de Estrellas. Pero violó su contrato en Grandes Ligas para aceptar la oferta de Pasquel.

Aunque el contrato era para jugar y dirigir con el Unión Laguna de Torreón, pero a los dos días Owen decidió que no le gustaba la vida de Torreón y se regresó a Estados Unidos, pero al no encontrar trabajo en Grandes Ligas, optó por volver a México. Jorge Pasquel decidió que Owen se integrara como jugador, y ya no como mánager, al equipo propiedad del mismo Pasquel, los Azules de Veracruz.

Entre lo interesante que especifica el contrato, es que el bono por firmar se pagaba al jugador por adelantado, es decir, en el momento de la firma. Y, además, también por adelantado y al momento de la firma, se le pagaba al jugador la mitad del salario anual. Ese día, Mickey Owen salió de la oficina de Jorge Pasquel con 20,000 dólares como pago inmediato tras la firma del contrato.

Además, en el documento se establece que Jorge Pasquel y la Liga Mexicana de Beisbol pagarían al jugador y a su esposa todos los gastos de vivienda y transportación en primera clase.

En comparación, en Grandes Ligas los jugadores que más dinero percibieron en 1945, fueron Lou Boudreau de Cleveland y Joe Cronin de Boston. Ambos, según las investigaciones de SABR, percibieron 25,000 dólares por la temporada completa. Es decir, 2,500 dólares menos que Owen en México.

Copia del contrato que firmaron Mickey Owen y Jorge Pasquel

Para Estados Unidos recién había terminado la Segunda Guerra Mundial, y varios de los jugadores estelares de las Grandes Ligas como Joe DiMaggio, Bob Feller, Ted Williams o Hank Greenberg habían acudido a prestar su servicio militar y no jugaron beisbol en esos años. Por esa causa, los salarios en Grandes Ligas se redujeron considerablemente en los años de la guerra, y en México Jorge Pasquel pudo superar momentáneamente las cantidades que se pagaban en Estados Unidos. Antes marcharse a la guerra, Joe DiMaggio había recibido un salario de 43,750 dólares en 1942.

La historia entre Mickey Owen y Jorge Pasquel no tuvo un final feliz, pues Owen desertó de su contrato con Pasquel y regresó a Estados Unidos, lo que ocasionó una demanda del magnate mexicano. Al final, un juez le dio la razón a Pasquel y Owen tuvo que pagar 35,000 dólares como indemnización.

El jugador argumentaba que Jorge Pasquel lo había despedido, pero el dirigente aseguraba que su despido había sido solo de su función como mánager y seguía teniendo obligaciones como jugador.

La realidad era que Mickey Owen nunca se sintió cómodo con las condiciones de igualdad racial que había en el beisbol mexicano. Le incomodaba que al llegar a los Azules de Veracruz tenía un mánager de raza negra como Ramón Bragaña dándole órdenes. En otra situación se negó a ser receptor del lanzador negro Booker McDaniels, y en un incidente más se trenzó a golpes con el también jugador de raza negra Claro Duany. Fue tras este último incidente que Mickey Owen decidió marcharse sin avisar de la Liga Mexicana, pues nunca había sido golpeado por una persona de raza negra en Estados Unidos, y tampoco lo iba a aceptar en México. Esa era la forma de pensar que seguía imperando en México. Jorge Pasquel acusó a Owen de racista, y además le ganó la demanda por incumplimiento de contrato.

La memorable bronca entre Mickey Owen y Claro Duany

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Jorge Pasquel y la oferta a Jackie Robinson que pudo convertir la Liga Mexicana en “el campo de los sueños”

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“Estamos ansiosos de tenerte jugando beisbol en México. Te pagaremos 6 mil dólares y todos los gastos. Pagaremos también los gastos de tu esposa si la llevas contigo”. La oferta para ir a jugar a la Liga Mexicana de Beisbol, según reportó el diario Pittsburgh Courier, dejó a Jackie Robinson meditando.

Era marzo de 1946 en Daytona, Florida. Apenas habían pasado unos meses de que los Dodgers de Brooklyn habían conmocionado a Estados Unidos anunciando la firma de su primer jugador de raza negra y lo preparaban para romper, al año siguiente, la prohibición que se había mantenido durante todo el siglo XX en las Grandes Ligas. Jackie Robinson estaba en su primera pretemporada con los Dodgers en Florida, en el llamado Sur Profundo, donde la discriminación racial no solo era rampante, sino que estaba legalizada.

México era el perfecto contraste y se preparaba en ese mismo 1946 para vivir la que se convertiría en la “Temporada de Oro” de la Liga Mexicana de Beisbol. Era la realización del sueño de Jorge Pasquel, un millonario mexicano que había convertido a México en un paraíso para los beisbolistas de raza negra. Con Pasquel, la Liga Mexicana de Beisbol fue un pequeño ecosistema de sociedad utópica: no importaba tu color, tu nacionalidad o tu idioma, lo único que marcaba una diferencia era tu talento para jugar al beisbol.

Peloteros de los Azules de Veracruz y Rojos del México. Entre ellos, leyendas como Josh Gison, Ray Dandridge, Ramón Bragaña, Johnny Taylor y Wild Bill Wright

El sentimiento de libertad e igualdad que vivía un pelotero negro en México quedó evidenciado en unas declaraciones de Willie Wells al diario Pittsburgh Courier en 1943.

“En México no sufro el problema racial”, dijo Wells, quien llegó a la Liga Mexicana en 1940 para jugar con los Azules de Veracruz de Jorge Pasquel. “Vivimos en los mejores hoteles, comemos en los mejores restaurantes. En Estados Unidos no disfrutamos de esos privilegios. No dejé Newark para irme a algún otro equipo. Dejé el país. Aquí he encontrado libertad y democracia, algo que nunca encontré en Estados Unidos. Aquí, en México, soy un hombre”.

Para 1945, Jorge Pasquel ya no se limitaba a tener a los mejores talentos de raza negra en México, sino que ahora quería traer también a los mejores peloteros blancos de Grandes Ligas y tener una liga con verdadera integración racial. Los mejores talentos blancos y negros de Estados Unidos, los mejores talentos blancos y negros del Caribe, y lo mejores mexicanos del momento. Todos enfrentándose en un diamante de beisbol.

En la primavera de 1946, Pasquel sabía lo que implicaba la firma de Jackie Robinson con los Dodgers. Desde su fundación en 1925, la Liga Mexicana de Beisbol había basado gran parte de su espectáculo en la calidad de los jugadores afroamericanos que no podían jugar en la Grandes Ligas por su color de piel y quienes en Estados Unidos tenían que trabajar en las Ligas Negras, torneos sólo para peloteros de color, mal pagados, mal organizados y en condiciones inhumanas de alojamiento y alimentación en las giras. Si las glamorosas puertas de las Grandes Ligas se abrían para los peloteros negros, la Liga Mexicana se exponía al colapso. Así fue como Jorge Pasquel puso su vista en Robinson para seducirlo de jugar en México, buscando evitar que las Grandes Ligas le quitaran ese mercado.

Para intentar persuadir a Jackie Robinson, Jorge Pasquel mandó a Daytona a su hombre de máxima confianza, Bob Janis. Un estadounidense blanco que Pasquel había conocido en un gimnasio de Nueva York y a quien contrató para ser su entrenador físico. Janis, además, se convirtió en confidente de Pasquel, y también en un scout que viajaba con frecuencia a Estados Unidos para observar y firmar jugadores para la Liga Mexicana.

“¿Cómo te tratan aquí?”, interrumpió Janis a Jackie Robinson. El agente de Pasquel se había metido al campo y le lanzó su oferta a Robinson mientras tiraba pelotas en la práctica, según reportó el diario Pittsburgh Courier el 30 de marzo de 1946.

¿Que cómo lo trataban ahí? ¿En Florida? ¿En uno de los lugares más racistas de Estados Unidos? En su mente, Jackie Robinson tenía mucho que decir de lo que había vivido en Florida en los pocos días que llevaba de pretemporada.

Jackie Robinson

Había reportado tres días tarde a los entrenamientos por las peripecias que su color de piel le había hecho pasar en el traslado. Jackie, y su esposa Rachel, habían volado desde Los Angeles hasta Nueva Orleans, otro gran foco racista, para conectar vuelos a Daytona. Sin embargo, en Nueva Orleans les negaron la conexión, y tuvieron que pasar doce horas en el aeropuerto donde ningún comercio quiso servirles comida porque no atendían a negros. Los pusieron en otro vuelo que se detuvo en Pensacola, Florida, un foco racista más, y les pidieron que bajaran para reabastecer combustible, pero ya no los dejaron subir, pues una pareja de blancos había tomado su lugar. Los Robinson optaron por tomar un autobús de Pensacola hasta Jacksonville, buscando acercarse a Daytona. Al sentarse en el autobús y reclinar sus asientos, el chofer les indicó que ese no era su lugar, que debían moverse hasta la parte de atrás del autobús, al lugar destinado para negros, donde los asientos no se reclinaban. Dieciséis horas transcurrieron en una sección segregada que se atestaba de gente, y donde tenían que turnarse para sentarse unas horas unos y unas horas otros, mientras el resto del autobús tenía lugares disponibles por si algún blanco deseaba subir.

Ya en Florida, los Robinson tuvieron que dejar el poblado de Sanford, donde los Dodgers hacían una semana de pretemporada por las presiones de los sectores racistas del pueblo. Algunos juegos tuvieron que cancelarse ante el rechazo a que un pelotero negro compartiera el campo con jugadores blancos.

Ni Jackie ni Rachel habían vivido algo similar en California, donde la discriminación era mucho más relajada. Sin embargo, en el Sur Profundo, todo era diferente. En ese 1946, se dieron 30 linchamientos contra personas de raza negra. En la misma semana en que Jackie Robinson y su esposa Rachel llegaron a la pretemporada de los Dodgers se dio una de los peores brotes de violencia en contra de los afroamericanos en Columbia, Tennessee. Cuando los disturbios terminaron, había cien personas de raza negra arrestadas, y dos muertas.

Jorge Pasquel junto a Babe Ruth en 1946

¿Cómo te tratan aquí?”, se escuchó la voz de Bob Janis que pareció sacar a Robinson de sus pensamientos.

“Excelente. No podrían tratarme mejor”, le respondió Robinson, según la prensa. Mentía, por supuesto. Pero Jackie Robinson tenía una misión superior. Bob Janis le había ofrecido 6 mil dólares y cubrir todos los gastos de él y de su esposa para vivir en condiciones de igualdad racial en México. Solamente de salario, la oferta mexicana triplicaba los 600 dólares mensuales que Robinson percibía en ese momento, todavía como jugador de Ligas Menores.

“No estoy interesado. Hay mucho en juego aquí”, habría respondido Jackie Robinson a la oferta de Pasquel a través de Bob Janis, según el reporte del mismo Pittsburgh Courier. “Estas personas son mis amigos. Entiendo que ustedes le ofrecieron a Ted Williams 300 mil dólares. Bueno, ni siquiera iría por esa cantidad de dinero”.

El propio Bob Janis, en entrevista con John Virtue para el libro South of the Color Barrier, recuerda una respuesta similar por parte de Robinson.

“Me encantaría ir a México”, respondió Robinson, “pero ahora mismo, mi futuro está aquí. Cualquiera que sea la oferta que el Sr. Pasquel me haga, no la aceptaría”.

En sus respuestas, Jackie Robinson dejaba claro que no se trataba de dinero. A pesar de que en Florida había sufrido en carne propia, y en unos cuantos días, lo más concentrado del odio racial que viviría como el primer jugador de raza negra en las Grandes Ligas, Jackie estaba dispuesto a pasar por ese calvario con tal de derribar la barrera del color. Quería ser el símbolo que empujara a toda una sociedad hacia la igualdad racial. De cierta forma, Jackie Robinson rechazó ir a jugar a la Liga Mexicana porque ambicionaba que las Grandes Ligas, y Estados Unidos, se convirtieran en algo igual a lo que se vivía en los diamantes mexicanos en ese momento.

Cuando los dirigentes de los Dodgers se enteraron de la oferta que Bob Janis le hizo a Jackie Robinson, el agente de Jorge Pasquel fue echado del campo de entrenamiento. El manejador Leo Durocher se encargó de ello con un bate en la mano.

La negativa de Jackie Robinson al ofrecimiento de Jorge Pasquel marcaría la historia. Señalaría el derrotero por el cual caminarían tanto las Grandes Ligas, rumbo a su expansión, y la Liga Mexicana hacia el borde del colapso. Visionario como era, Jorge Pasquel lo imaginaba y no desistió.

En la primavera del año siguiente, 1947, los Dodgers se fueron a La Habana, Cuba, para hacer su pretemporada. Ya sin agentes de por medio, Jorge Pasquel subió la apuesta y él mismo viajó a Cuba, se apersonó en el lujoso Hotel Nacional donde se hospedaban los Dodgers, y como predicador, en pleno lobby, lanzó arengas para convencer a los jugadores de irse a jugar a México.

“Si ustedes no están satisfechos con sus contratos, vengan a verme, soy Jorge Pasquel”, convocaba el magnate mexicano, según reportó la prensa el 25 de febrero de 1947. “Firmaré jugadores de cualquier club excepto del de Sam Breadon (Cardenales de San Luis). Él es mi amigo. Mi liga es cinco veces más fuerte. Pondré 4 millones sobre los 2 millones de cualquiera”.

En La Habana, Pasquel hizo un segundo intento por seducir a Jackie Robinson. El magnate estaba acompañado del Dr. Eduardo Quijano Pitman, propietario de los Tuneros de San Luis y socio de Pasquel. A menudo era el Dr. Quijano Pitman quien viajaba a Estados Unidos a firmar peloteros. Los mexicanos vieron a Jackie Robinson en un café, y Pasquel retó a Quijano para que lo firmara en ese mismo momento.

“Jorge me picó la cresta”, recuerda el Dr. Quijano Pitman en entrevista para el libro Por los Diamantes del Ayer: El San Luis del 47. “Me dijo: ‘A ver, vete a contratar a Robinson’. Tuve la plática con Robinson, pero no aceptó. Para entonces, él tenía plena conciencia de que era un auténtico símbolo para toda la comunidad negra en los Estados Unidos porque era el primer negro firmado para jugar en Ligas Mayores, y de la responsabilidad que eso implicaba para él, pero se comportó con mucha atención y extraordinariamente bien conmigo”.

“Si ustedes no están satisfechos con sus contratos, vengan a verme, soy Jorge Pasquel”, convocaba el magnate mexicano, según reportó la prensa el 25 de febrero de 1947. “Firmaré jugadores de cualquier club excepto del de Sam Breadon (Cardenales de San Luis). Él es mi amigo. Mi liga es cinco veces más fuerte. Pondré 4 millones sobre los 2 millones de cualquiera”.

En La Habana, Pasquel hizo un segundo intento por seducir a Jackie Robinson. El magnate estaba acompañado del Dr. Eduardo Quijano Pitman, propietario de los Tuneros de San Luis y socio de Pasquel. A menudo era el Dr. Quijano Pitman quien viajaba a Estados Unidos a firmar peloteros. Los mexicanos vieron a Jackie Robinson en un café, y Pasquel retó a Quijano para que lo firmara en ese mismo momento.

“Jorge me picó la cresta”, recuerda el Dr. Quijano Pitman en entrevista para el libro Por los Diamantes del Ayer: El San Luis del 47. “Me dijo: ‘A ver, vete a contratar a Robinson’. Tuve la plática con Robinson, pero no aceptó. Para entonces, él tenía plena conciencia de que era un auténtico símbolo para toda la comunidad negra en los Estados Unidos porque era el primer negro firmado para jugar en Ligas Mayores, y de la responsabilidad que eso implicaba para él, pero se comportó con mucha atención y extraordinariamente bien conmigo”.

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