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El Campo de los Sueños

Cuando la Liga Mexicana pagaba mejores salarios que Grandes Ligas

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La Liga Mexicana de Beisbol puede presumir que en algún momento pagó salarios más altos que Grandes Ligas. Y eso se debe al millonario Jorge Pasquel, quien en 1946 decidió que quería poner a la Liga Mexicana al nivel de las Ligas Mayores y ofreció salarios espectaculares a jugadores estadounidenses para que vinieran a México.

Una copia del contrato que Mickey Owen firmó con Jorge Pasquel para venir a jugar y dirigir al Unión Laguna en la Liga Mexicana de Beisbol en 1946 asienta que el jugador percibiría un total de 27,500 dólares por toda la temporada. La cantidad estaba dividida en su salario anual de 15,000 dólares más un bono por firmar de 12,500 dólares.

Como presidente de la Liga Mexicana, esa era la manera de Jorge Pasquel de seducir a los jugadores de Grandes Ligas para venir a jugar en 1946. Antes de venir a México, Owen era un receptor estelar con los Dodgers de Brooklyn y había asistido a cuatro Juegos de Estrellas. Pero violó su contrato en Grandes Ligas para aceptar la oferta de Pasquel.

Aunque el contrato era para jugar y dirigir con el Unión Laguna de Torreón, pero a los dos días Owen decidió que no le gustaba la vida de Torreón y se regresó a Estados Unidos, pero al no encontrar trabajo en Grandes Ligas, optó por volver a México. Jorge Pasquel decidió que Owen se integrara como jugador, y ya no como mánager, al equipo propiedad del mismo Pasquel, los Azules de Veracruz.

Entre lo interesante que especifica el contrato, es que el bono por firmar se pagaba al jugador por adelantado, es decir, en el momento de la firma. Y, además, también por adelantado y al momento de la firma, se le pagaba al jugador la mitad del salario anual. Ese día, Mickey Owen salió de la oficina de Jorge Pasquel con 20,000 dólares como pago inmediato tras la firma del contrato.

Además, en el documento se establece que Jorge Pasquel y la Liga Mexicana de Beisbol pagarían al jugador y a su esposa todos los gastos de vivienda y transportación en primera clase.

En comparación, en Grandes Ligas los jugadores que más dinero percibieron en 1945, fueron Lou Boudreau de Cleveland y Joe Cronin de Boston. Ambos, según las investigaciones de SABR, percibieron 25,000 dólares por la temporada completa. Es decir, 2,500 dólares menos que Owen en México.

Copia del contrato que firmaron Mickey Owen y Jorge Pasquel

Para Estados Unidos recién había terminado la Segunda Guerra Mundial, y varios de los jugadores estelares de las Grandes Ligas como Joe DiMaggio, Bob Feller, Ted Williams o Hank Greenberg habían acudido a prestar su servicio militar y no jugaron beisbol en esos años. Por esa causa, los salarios en Grandes Ligas se redujeron considerablemente en los años de la guerra, y en México Jorge Pasquel pudo superar momentáneamente las cantidades que se pagaban en Estados Unidos. Antes marcharse a la guerra, Joe DiMaggio había recibido un salario de 43,750 dólares en 1942.

La historia entre Mickey Owen y Jorge Pasquel no tuvo un final feliz, pues Owen desertó de su contrato con Pasquel y regresó a Estados Unidos, lo que ocasionó una demanda del magnate mexicano. Al final, un juez le dio la razón a Pasquel y Owen tuvo que pagar 35,000 dólares como indemnización.

El jugador argumentaba que Jorge Pasquel lo había despedido, pero el dirigente aseguraba que su despido había sido solo de su función como mánager y seguía teniendo obligaciones como jugador.

La realidad era que Mickey Owen nunca se sintió cómodo con las condiciones de igualdad racial que había en el beisbol mexicano. Le incomodaba que al llegar a los Azules de Veracruz tenía un mánager de raza negra como Ramón Bragaña dándole órdenes. En otra situación se negó a ser receptor del lanzador negro Booker McDaniels, y en un incidente más se trenzó a golpes con el también jugador de raza negra Claro Duany. Fue tras este último incidente que Mickey Owen decidió marcharse sin avisar de la Liga Mexicana, pues nunca había sido golpeado por una persona de raza negra en Estados Unidos, y tampoco lo iba a aceptar en México. Esa era la forma de pensar que seguía imperando en México. Jorge Pasquel acusó a Owen de racista, y además le ganó la demanda por incumplimiento de contrato.

La memorable bronca entre Mickey Owen y Claro Duany

El Campo de los Sueños

La primera mujer en el beisbol profesional de México

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Chacha Canavati

Por fin llegó la fecha del esperado debut de Luz Alicia Gordoa como ampayer profesional en la Liga Mexicana de Beisbol, el cual se estará llevando a cabo en el primer juego de la serie entre los Diablos Rojos del México y Guerreros de Oaxaca en el estadio Fray Nano, casa de los escarlatas.

Para la Liga Mexicana de Beisbol y por supuesto, para la sinaloense, será un momento histórico al ser colocada como ampayer de tercera base, en la cruzada del circuito veraniego por la equidad de género.



El momento esperado

Después de un largo proceso de preparación supervisado por Luis Alberto Ramírez, director de ampayers de la liga de verano, Gordoa aseguró estar lista para el ansiado debut, después de haber participado anteriormente en un encuentro entre los Petroleros de Salamanca y Cajeteros de Celaya en la Liga Invernal Mexicana, lo cual aconteció el 23 de noviembre del año anterior.

Luz Alicia Gordoa

Luz Alicia Gordoa

El debut de Luz Alicia Gordoa se da precisamente tres días después (mayo 13), de haber ocurrido otro hecho histórico en el beisbol mexicano, cuando la también sinaloense Karla Espinoza, firmó un contrato como buscadora de talento de los Devil Rays de Tampa Bay, siendo la primera vez que una mujer mexicana participa en este rol con un equipo de Grandes Ligas.

La primera mujer en el beisbol profesional de México

Sin embargo, al momento de señalar a la primera mujer mexicana ocupando un puesto importante en el beisbol profesional de México nos lleva a recordar a Carmen La Chacha Canavati a mediados de los años 60.

Chacha Canavati entregando el Guante de Plata a Julius Grant

Chacha Canavati entregando el Guante de Plata a Julius Grant





Carmen Canavati se convirtió en presidente de los Sultanes de Monterrey tras la trágica muerte de su hermano Anuar, el 11 de mayo de 1965.

La Chacha, llamada así por la prensa regiomontana, fungió como presidente del club durante la campaña de 1965 y 1966, teniendo entre sus peloteros a figuras de la talla de Felipe Montemayor, Panchillo Ramírez, Vinicio García, José Ramón López y por supuesto, el formidable Héctor Espino.

Carmen llevaba muchos años haciendo labor administrativa en el club regio junto al Lic. Fernando Leal Martínez, quien fungía como gerente de la novena.

Fueron dos campañas al frente de los Sultanes y al finalizar la segunda de ellas optó por vender el club a la Cervecería Cuauhtémoc, empresa que nombrara como presidente al Lic. Rodolfo González Castillo, el periodista más reconocido de la sultana del norte.

Chacha Canavati con el Lic. Fernando Leal Martínez, un personaje desconocido y el Lic. Rodolfo González Castillo

Chacha Canavati con el Lic. Fernando Leal Martínez, un personaje desconocido y el Lic. Rodolfo González Castillo

Hoy, 52 años después, dos mujeres hacen historia; Karla Espinoza como buscadora de talento o scout de Tampa Bay y Luz Alicia Gordoa, como ampayer del circuito veraniego, dos sinaloenses que deberán estar por siempre en la memoria de los aficionados al rey de los deportes, sin olvidar a Carmen Canavati, la primera mujer que ocupara un cargo importante en la Liga Mexicana de Beisbol, siendo presidente de los Sultanes de Monterrey, durante la década de los 60.



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Anuar Canavati, el hombre que salvó al beisbol mexicano

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Anuar Canavati con con George Trautman y Happy Chandler

Anuar Canavati será por siempre recordado en el entorno beisbolero de nuestro país, gracias a su gran aportación para que la Liga Mexicana pudiera integrarse al Beisbol Organizado, hecho que pudo concretarse el 22 de enero de 1955.

Desde finales de 1949 el entonces propietario de los Sultanes de Monterrey había comenzado los trámites ante el Comisionado de Ligas Mayores; Happy Handler, con la finalidad de que el circuito veraniego lograra afiliarse a dicho organismo y de esa forma pudiera tener convenios con los equipos de Ligas Mayores.

Fueron varios años de pláticas constantes del magnate chihuahuense con Chandler y George Trautman de la National Association, consiguiendo su objetivo seis años más tarde.

De esta forma, la Liga Mexicana comenzaba una nueva etapa tras la salida de Jorge Pasquel, la aportación de Canavati y la llegada de Alejo Peralta y sus Tigres capitalinos.

Anuar Canavati, uno de los principales impulsores del beisbol mexicano

Anuar Canavati, uno de los principales impulsores del beisbol mexicano



Por la puerta grande
Su ingreso al rey de los deportes se dio en 1940 patrocinando al equipo Camisas Canavati en la Liga Invernal de Beisbol de Monterrey que contaba con cuatro novenas. Las otras eran: Casa Bremer, Hotel Bridges y Sección 19. En compañía de su hermano Tofic manejaron el club Camisas Canavati, participando en cuatro o cinco temporadas.

Su primera inclusión en el beisbol profesional se dio en 1944 cuando por órdenes del Gral. Manuel Reyes Iduñate, Director Nacional de Educación Física, formó el equipo de beisbol que representó a México en el Campeonato Mundial celebrado en Caracas, Venezuela. Canavati seleccionó a José Luis Chile Gómez de manager y entre sus jugadores estaban Ezequiel Kelo Cruz, Alejandro Cabezón Uriarte, Beto Avila, Jesús Chanquilón Díaz, Juan Guerrero, Francisco Zurdo Alcaraz, Alberto Coty Leal, Héctor La Comadre Leal, Bernardo López, Guillermo Memo López, Luis Molinero Montes de Oca y otros jugadores, realizando tan buen papel que incluso llegaron a las finales.

En 1946 fue comisionado por don Miguel Margáin Zozaya, entonces presidente del Club de Baseball Monterrey para que hiciera un viaje a Estados Unidos con la finalidad de contratar un parador en corto y después siguió colaborando con el equipo regiomontano.

En junio de 1948 Jorge Pasquel retiró el equipo de Monterrey, que le pertenecía, y se lo llevó a la ciudad de México al no haber una exención de impuestos, temporada que terminó antes de su final por incosteabilidad, aunque el título fue ganado por los regios. De manera personal, Canavati hizo gestiones ante el Lic. Arturo B. de la Garza, Gobernador del Estado, quien era su amigo, con la intención que se lograra dicha exención, Pasquel recapacitara y regresara el equipo a la sultana del norte. Su petición fue aceptada y los impuestos fueron rebajados a un mínimo considerable.

Dueño de los Sultanes
Ante esa perspectiva, Pasquel lo mandó llamar a la ciudad de México y le propuso que se hiciera cargo del Club, formando una sociedad con él, al 50 por ciento. El directivo del Monterrey le puso como condición principal que le instalara alumbrado al Parque Cuauhtémoc y que le diera la dirección absoluta de la escuadra, Pasquel accedió a ello y de esa forma pudo ingresar al beisbol profesional al cien por ciento.

Anuar Canavati, dueño de los Sultanes de 1948 a 1965

Anuar Canavati, dueño de los Sultanes de 1948 a 1965



En los inicios de 1949, ya como presidente de los Sultanes, tuvo su primera dificultad con el magnate veracruzano, quien era el dueño absoluto de la liga, lo que orilló a poner fin a su sociedad, viéndose obligado a comprarle el 50 por ciento del club, que le pertenecía. De esa forma, Monterrey fue la primera novena que se manejó de forma independiente en la Liga Mexicana de Beisbol, mientras las siete restantes siguieron bajo el control del directivo veracruzano.

Un año más tarde, Canavati hizo que el Aguila de Veracruz se independizara parcialmente. Así, para la primera junta de 1951, ya había dos clubes independientes fuera de los dominios de Pasquel. Ese mismo año convenció a los directivos de Nuevo Laredo para que se independizaran y lo mismo hizo con el club de Torreón. De esa forma, al iniciar el calendario de 1952 ya había cuatro clubes independientes y aunque todavía no tenían mayoría, cuando menos ya había bastante libertad y podían tomar decisiones propias.

Al iniciarse las gestiones para la temporada de 1953, Canavati se encontró con las siguientes dificultades: El Parque Delta había sido vendido antes de la entrega del poder del Lic. Miguel Alemán al Departamento Central. El clan de los Pasquel optó por retirarse del beisbol y sólo quedaron seis clubes, al retirarse Veracruz que jugaba en la capital y salirse San Luis para jugar en México. Así iniciaron la temporada de 1953 con tan sólo seis equipos. En julio de ese mismo año, Torreón se retiró de la liga, dejando en una posición difícil a los otros cinco. Poco después se retiró Jalisco, quedando sólo Nuevo Laredo, Aguila, México Rojos y Monterrey. En agosto, el principal directivo de los Diablos Rojos abandonó la Liga y para que esta no terminara, pudiendo conservar a los jugadores, Nuevo Laredo, Aguila y Monterrey se hicieron cargo de los Diablos.

Anuar Canavati dando el mando de los Sultanes a la Mala Torres

Anuar Canavati dando el mando de los Sultanes a la Mala Torres

Sorteando problemas
La temporada de 1954 estuvo llena de problemas. El Parque Delta había pasado a pertenecer al Seguro Social y éste procedió a derrumbarlo inmediatamente para edificar uno nuevo. Sólo quedaban tres clubes y el Ing. Carlos Rubio del Veracruz, manifestó que no seguiría más, por lo que Canavati tuvo que realizar una labor de titanes, pues había que encontrar quien se hiciera cargo de los clubes México Rojo, además de otro club de México.

Poco después consiguió personas que se hicieran cargo del México Rojo y al otro club le pusieron Azules del México.
Yucatán trató de ingresar a la liga y Canavati logró convencer al Ing. Rubio del Veracruz para que siguiera con su novena. Ya asegurado el Aguila, Canavati regresó a México a una junta presidida por Arnulfo Canales, con la finalidad de resolverle al Yucatán. Este equipo ofreció pagar los pasajes de ida y vuelta a los demás clubes a Mérida, y en esa forma quedó constituida la liga, dos clubes de México, Nuevo Laredo, Aguila, Yucatán y Monterrey.

Tan pronto comenzó la temporada realizó esfuerzos por enderezar y procurar el ingreso de la Liga Mexicana al Beisbol Organizado. A éste respecto, en 1949 ya había acompañado al Dr. Eduardo Quijano Pitman, entonces presidente de la Liga a entrevistarse con los señores Happy Chandler y George Trautman, Altos Comisionados de las Ligas Mayores y la National Association, respectivamente.

En 1954 insistió aún más para que la Liga pudiera ingresar al Beisbol Organizado. Canavati fue invitado a la Convención de la National Association que se celebraba en Houston en la última semana de noviembre, en su calidad de solicitante y observador. Ahí tuvo una reunión con el Comité Ejecutivo presidido por el señor Trautman, y luego de exponerle su intención y la solicitud de ingreso, le dieron las gracias y le dijeron que posteriormente resolverían, ya que tendrían que estudiar las condiciones de la Liga, sus actividades financieras, étc.

Anuar Canavati con con George Trautman y Happy Chandler

Anuar Canavati con con George Trautman y Happy Chandler



Al Beisbol Organizado
En enero de 1955 Canavati fue llamado por el señor Trautman, pidiéndole que fuera a la ciudad de Columbus, presentándose en aquella ciudad el 9 de enero, y en sesión del Comité Ejecutivo y ante la presencia de United Press, Associated Press y France Press, oficialmente se admitió a la Liga Mexicana de verano como miembro de la National Association, invitándolo al banquete anual de la prensa que se celebraba el 15 de enero en Nueva York, donde el Alto Comisionado Ford Frick, confirmaría dicho ingreso. Canavati fue sentado en la mesa de honor en medio de los señores Frick y Joe Dimaggio, quien era el huésped de honor en esa noche tan memorable.

Anuar Canavati, acompañado por Joe Dimaggio, el Yanqui Clipper

Anuar Canavati, acompañado por Joe Dimaggio, el Yanqui Clipper

El señor Frick le presentó a Walter O´Malley, presidente de los entonces Dodgers de Brooklyn, quien en demostración a la simpatía por haber hecho que la Liga Mexicana ingresara al Beisbol Organizado, le ofreció un arreglo de trabajo, iniciando una nueva etapa en el beisbol de México y fortaleciéndolo como la figura principal para tal efecto.

Diez años más tarde, Anuar Canavati, el hombre que logró salvar al beisbol mexicano de la debacle y que consiguiera su unificación con el Beisbol Organizado, falleció el 11 de mayo de 1965, jugando polo en un poblado de Texas.
Por sus aportaciones al beisbol y sus títulos obtenidos con los Sultanes de Monterrey, el afamado directivo ingresó al Salón de la Fama en 1973, junto a otros grandes de los diamantes.

En recuerdo de Anuar Canavati

En recuerdo de Anuar Canavati



 

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El Campo de los Sueños

Lázaro Salazar, el mánager que tuvo la muerte perfecta

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Lázaro Salazar

Lázaro Salazar tuvo la muerte perfecta. Un 24 de abril de 1957, el destino lo recogió en el mismo lugar al cual lo encomendó: el diamante de beisbol.

Se fue asido al timón como los grandes capitanes. O como un gallardo general, con la vida desangrándose en el campo de batalla.

Ese cerebro prodigioso que, como piloto ganó 7 campeonatos, se colapsó en el dugout de los Diablos Rojos del México la noche de abril. Una devastadora hemorragia cerebral lo hizo desplomarse con su costado derecho completamente paralizado.

Aquella trágica noche de 1957 se jugaba el séptimo inning de un partido de alta tensión en que los Sultanes de Monterrey tomaban la ventaja de 1 a 0 sobre sus Diablos.

Habían pasado casi 20 años de que el cubano llegaba por primera vez a México, probablemente sin sospechar la estela de grandeza y admiración que, hoy es una flama que no deja de arder en la memoria del beisbol mexicano.

Desembarcó en el puerto de Veracruz el 10 de Agosto de 1938 para jugar y manejar a los Cafeteros de Córdoba en una temporada inolvidable para el beisbol mexicano, pues llegaban al país colosos de la talla de Cool Papa Bell o Satchel Paige para buscar destronar al poderoso Águila de Veracruz que, con Martín Dihigo, había conquistado el cetro un año antes.




A su llegada, Salazar delineó de inmediato la personalidad que le daría la denominación perpetua de “Príncipe de Belén”. El diario veracruzano “El Dictámen” publicaba el día siguiente al desembarco que “como todos los jugadores profesionales del deporte, Salazar no es el jugador de personalidad vulgar; Salazar es hombre educado, correcto y de clara inteligencia para jugar al beisbol y dirigir a un equipo, como lo demostró ya con un equipo de los tamaños del Santa Clara, campeón de beisbol de Cuba.”

No habían pasado ni tres días de que Lázaro Salazar había desembarcado cuando ya tenía su primer duelo titánico el 13 de agosto de 1938. Su rival en el montículo: Martín Dihigo.

El diamante de beisbol convirtió a Lázaro Salazar y a Martín Dihigo en colosales antagonistas de una legendaria rivalidad digna de un clásico de la literatura griega: La Iliada. Héctor y los troyanos, defendiendo las murallas de su pueblo. Aquiles y los espartanos, con su ineludible vocación guerrera buscando la conquista. Salazar era el noble de aspecto angelical, trato fino, pero habilidad innegable para la lucha, era todo un Héctor. Dihigo era Aquiles, criado para la guerra, tocado por los dioses, guerrero orgulloso de espada invencible y el más laureado héroe de su pueblo.

El triunfo es uno solo y muchos son sus pretendientes. Un guerrero en pos del triunfo espera la batalla, se prepara, besa a sus hijos y sale a batirse. La inminencia de la guerra vive en su corazón. Salazar y Dihigo supieron, desde muy jovenes, que uno era el obstáculo del otro para alcanzar la gloria. Mantuvieron una guerra por más de 20 años en los diamantes de medio continente. Las Ligas Negras de Estados Unidos, Cuba, la República Dominicana, Venezuela y México los vieron batirse por el triunfo.



Aquella batalla sabatina del 13 de Agosto en Veracruz fue como la de Aquiles y Héctor a las puertas de Troya: épica y fragorosa. “El Dictámen” la definió como “algo sensacional, emocionante y reñido en extremo.” En perfecta analogía con el clásico griego, Aquiles se volvía a imponer a un gallardo Héctor. Martín Dihigo derrotaba 2 a 1 a Lázaro Salazar en un juego histórico en que Córdoba anotaba en un infield hit y el Águila en un sencillo y un error.

En 1939, Salazar llevaría al Córdoba a la conquista de su primer cetro haciendo gala de ese genio estratégico que lo distinguía en el beisbol, además de que su aporte como pelotero fue extraordinario. Ganó el campeonato de bateo con .374 y como lanzador ganó 16 juegos.

El Córdoba aseguró el título el 1 de octubre de 1939 en un juego memorable en el Parque Cuauhtémoc de Monterrey. El duelo se extendía por 16 entradas con un empate a 3 carreras. Corriendo por tercera y 2 outs, “El Príncipe” se lanza al robo de home llegando quieto con la carrera que daría el codiciado banderín de la Liga Mexicana al Córdoba. Conseguía la misión para la que había llegado el año anterior: derrotar al Águila que terminaba en segundo puesto.

Pero, sobre todo, había conseguido lo que no pudieron ni Satchel Paige, ni Alberto Romo Chávez, ni el Brujo Rossell, ni Chet Brewer: derrotar al mítico Martín Dihigo.

Lázaro Salazar reescribía el clásico de Homero. Por fin, Héctor había batido a Aquiles, aquel orgulloso titán que poseía el don de la guerra.

Lázaro Salazar

Lázaro Salazar

“El Príncipe de Belén” se convertiría en el piloto máximo obteniendo 6 títulos más, incluyendo 3 de manera consecutiva para el Monterrey y el primero de su historia para los Diablos Rojos del México en 1956.

Como pelotero fue brillante tanto al bat como en la loma. Los números no hacen más que reflejar la extraordinaria inteligencia del cubano. Dejó un consistente promedio de bateo de .333 y en 2113 turnos al bat solamente se ponchó 105 ocasiones. Como lanzador se retiró con un admirable récord de 113 triunfos por 77 derrotas y una efectividad de 3.68.

Al final de su carrera como pelotero en activo estaba convertido ya en uno de los más grandes. Un hombre de beisbol audaz e intuitivo, perfecto conocedor del entramado psicológico de sus peloteros y de los rivales. Era el más difícil para ponchar en su época y era, también, un corredor efectivo a pesar de no ser tan veloz de pies. En realidad, Salazar corría con la mente.

Y era aquella mente la que yacía devastada en el dugout del México durante el séptimo inning de un juego que, al igual que Lázaro Salazar, se aproximaba al final. El titán luchaba por su heroica vida.

Sin embargo, el informe médico lo reportaba en “estado de coma profundo, sin ninguna respuesta al estímulo doloroso; con ambas pupilas dilatadas sin ninguna respuesta a la luz.”

Como el gran guerrero que fue, su corazón fue lo último que dejó de luchar. A pesar de la muerte cerebral en que se encontraba desde la noche anterior, su corazón dejó de latir la tarde del 25 de abril de 1957. Tenía 44 de años de edad, 7 campeonatos, un lugar asegurado en el Salón de la Fama del Beisbol Mexicano y un legado imborrable entre los más grandes peloteros que han desfilado por la Liga Mexicana de Beisbol.

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El Campo de los Sueños

Lázaro Salazar, el Príncipe de Belén, que realmente era un rey

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Lázaro Salazar

Le decían el Príncipe de Belén, pero Lázaro Salazar era un auténtico rey, un rey de los diamantes beisboleros en los distintos países donde tuvo oportunidad de mostrar su clase y categoría, ya que además de Cuba y México también logró destacar en Venezuela y Dominicana.

El cubano falleció en un 25 de abril, de 1957, cuando comandaba a los Diablos Rojos del México, equipo al que le diera el primer banderín de su basta cosecha un año antes.

Lázaro perdía la vida prácticamente en un diamante de beisbol, al verse aquejado por un severo malestar que le causara un desvanecimiento en el dugout del parque del Seguro Social, mientras dirigía un encuentro en contra de su anterior equipo, los Sultanes de Monterrey, club al que había dado cuatro gallardetes en su estancia en la sultana del norte.

El cubano requirió hospitalización y falleció al día siguiente. Recién se cumplen 61 años de aquella fecha.

Un jugador completo

El beisbol se vestía de luto al fallecer uno de sus máximos exponentes. Lázaro era un grande de los diamantes, un jugador completo, ya que además de manejar, también era un excelente bateador y un gran serpentinero.

Eso lo puso de manifiesto en su segunda temporada dirigiendo a los Cafeteros de Córdoba, equipo al que hizo campeón gracias a su forma de dirigir, obteniendo a la vez el título de bateo (.374) y el liderato de juegos ganados como pitcher con 16. El gran ídolo inmortal hizo historia robándose el pentágono en el inning 16 en forma espectacular en el partido crucial ante el equipo Carta Blanca.

Lázaro Salazar

Lázaro Salazar

Su primer título

Era el primer gallardete para el manager cubano que más tarde iba a convertirse en el máximo ganador de todos los tiempos con siete conquistas. Lázaro obtendría el banderín en la campaña de 1941 con los Azules del Veracruz y posteriormente le daría su primer título al Monterrey en el año de 1943 y el tricampeonato de 1947 al 49, récord que no han podido igualarle haesta la fecha. En 1956 hizo campeones a los Diablos Rojos del México y un año más tarde se dio su fallecimiento.

Su nombre quedó grabado para siempre en la historia de nuestro querido deporte. Lázaro Salazar pasó a la posteridad como una de las glorias inolvidables de todos los tiempos. Descanse en paz el gran ídolo cubano.

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El Campo de los Sueños

“Aquí soy un ser humano”: Así vivía un pelotero de raza negra en la Liga Mexicana de Jorge Pasquel

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El Diablo Wells junto una leyenda de raza blanca, Rogers Hornsby, ambos con los Azules de Veracruz

A finales de los años 30 y la mayor parte de la década de los 40, la Liga Mexicana de Beisbol, impulsada por el ideal de Jorge Pasquel, fue un santuario para los mejores peloteros de raza negra que hasta 1947 estuvieron segregados para jugar en las Grandes Ligas. El Diablo Wells fue el mejor ejemplo de ello.

Pero más allá de lo beisbolístico, las personas de raza negra en Estados Unidos estaban impedidas legalmente para tener una vida igual que un blanco. No podían alojarse en los mismos hoteles, comer en los mismos restaurantes o utilizar los mismos baños. En el transporte público tenían que viajar en la parte trasera aunque el resto del vehículo fuera desocupado; no podían inscribirse en las mejores escuelas y universidades del país. Legalmente, sobre todo en los estados del sur de Estados Unidos, eran ciudadanos de segunda clase.

Al no poder jugar en Grandes Ligas, los peloteros de raza negra tuvieron que organizar sus propios circuitos: las Ligas Negras. Eran ligas con condiciones de trabajo, alojamiento, organización y paga muy desfavorables. Por eso, cada vez más, los mejores peloteros estadounidenses de raza negra comenzaron a dejar sus contratos en las Ligas Negras para venir a jugar a México, donde no solo encontraban mejores condiciones laborales, sino también sociales.




El mejor ejemplo de ello, y la mejor explicación, la ofreció Willie Wells en mayo de 1944. Era una entrevista que ofreció al periodista Wendell Smith del diario Pittsburgh Courier y que quedaría para la inmortalidad.

“Entiendo que hay mucha animadversión hacia mí en los Estados Unidos porque dejé a los Newark Eagles para volver aquí a jugar pelota”, confió Wells al periodista. “Odio eso, pero siempre hay dos versiones para toda historia”.

Willie Wells dejó claro que en su salida del equipo Newark Eagles de la Ligas Negra influyeron cosas mucho más importantes que el dinero.

“Volví aquí para jugar beisbol con el Veracruz, porque tengo un mejor futuro en México, que en los Estados Unidos”, reflexionó Wells. “Yo quería quedarme en Newark porque considero buenas personas al señor y la señora Manley, los dueños del equipo de Newark. Pero no me podían ofrecer nada como lo que yo disfruto jugando para el Veracruz. No solo me pagan más dinero aquí, sino que vivo como rey”.

Algunas personas juzgan mi situación simplemente desde la perspectiva del dinero, pero es mucho más que eso. En primer lugar, en México no enfrento ningún problema de índole racial. Cuando viajo con el equipo de Veracruz, nos quedamos en los mejores hoteles, comemos en los mejores restaurantes, y vamos a donde queremos. Tú lo sabes, tan bien como cualquier otra persona de raza negra, que en Estados Unidos no gozamos de esos mismos privilegios. Allá nos quedamos en hoteles que están lejos de ser los mejores, y comemos solo donde nos aceptan. Hasta hace poco, los jugadores negros teníamos que viajar en autobuses, mientras que en México siempre hemos viajado en tren”.

En México, los peloteros de raza negra eran admirados sin ninguna restricción por la afición mexicana. Pero igualmente eran bien recibidos en los más selectos círculos sociales de la época en el país, lo mismo por los grandes actores y directores de la época de oro del cine mexicano, que por los grandes pintores muralistas y surrealistas que le daban vida a la vida intelectual mexicana.

“Los peloteros en equipos de la Liga Mexicana viven como ligamayoristas”, enfatizaba Wells. “Todo lo que tenemos es de primera clase, además del hecho de que aquí la gente es mucho más considerada que el aficionado estadounidense. Aquí somos héroes, no solo peloteros”.




En México, a Willie Wells se le bautizó como el Diablo por su agresividad para jugar el beisbol. Velocidad para ir siempre por la base extra, su astucia en el robo de bases y los toques de bola, y una gran habilidad como campocorto, le valieron ese mote diabólico a Wells.

No solo las condiciones sociales eran atractivas, sino también las económicos. Impulsada por el millonario Jorge Pasquel, la Liga Mexicana ofrecía grandes salarios y prestaciones para tener la mejor calidad posible de espectáculo beisbolístico en los parques mexicanos.

“Y otra cosa: que no te digan que los dueños de los equipos en las Ligas Negras de Estados Unidos pueden igualar los salarios que se pagan en la Liga Mexicana”, explicaba Wells. “Newark me ofreció un buen salario, pero no hay forma de que puedan igualar lo que obtengo aquí. El Veracruz, y los otros equipos en la Liga Mexicana, son patrocinados por grandes empresas o por empresarios ricos. Si quieren un pelotero de los Estados Unidos, pueden conseguirlo simplemente pagando más que los dueños estadounidenses”.

Aquella gran entrevista que le hizo Wendell Smith al Diablo Wells llevaba la intención, por parte del jugador, de dejar en claro que su salida de Estados Unidos era una protesta, más que una decisión económica. El problema no eran las Ligas Negras, los Newark Eagles o sus dueños. El problema de raíz radicaba en los prejuicios raciales que imperaban en Estados Unidos.

“Me iba a quedar en los Estados Unidos y jugar para Newark, simplemente porque quería quedarme en casa por un año. Sin embargo, los propietarios del Veracruz me hicieron una oferta tan alta que no pude rechazarla”, explicaba Wells. “Entiendo que los propietarios de Newark estén molestos, pero también creo que un pelotero, o cualquier trabajador, debería poder aprovechar cuando le llegan mejores oportunidades. No dejé Newark para irme con otro equipo de los Estados Unidos. Realmente dejé el país. Me parece que tengo el perfecto derecho de hacerlo”.

Una de las principales razones por las que volví a México, es porque aquí he encontrado libertad y democracia, algo que nunca encontré en los Estados Unidos. Allá se me etiquetaba como negro, y todo dependía de ello. Todo lo que hacía, hasta jugar beisbol, estaba regulado por mi color. Ni siquiera me daban oportunidad de jugar en Grandes Ligas porque soy negro, a pesar de que aceptaban cualquier otra nacionalidad”.




En México pasaban cosas inusitadas para los esquemas raciales que prevalecían en Estados Unidos. En la Liga Mexicana, un jugador estadounidense de raza blanca, podía tener un mánager negro. O un jugador negro podía tomar el lugar de una leyenda blanca. Eso lo vivió Willie Wells en carne propia.

En 1944, Rogers Hornsby, pelotero estadounidense de raza blanca y con 48 años de edad, estaba culminando una carrera de leyenda que lo llevó a ganar siete campeonatos de bateo en las Grandes Ligas. Jorge Pasquel lo contrató para ser mánager y jugador de los Azules de Veracruz en ese sueño pasqueliano de que en los parques mexicanos se enfrentaran los mejores peloteros de raza negra, los mejores de raza blanca y los mejores latinos. Pero el legendario jugador ligamayorista no logró hacer funcionar al Veracruz, ni aceptar las condiciones de igualdad racial del beisbol mexicano.

El Diablo Wells junto una leyenda de raza blanca, Rogers Hornsby, ambos con los Azules de Veracruz

El Diablo Wells junto una leyenda de raza blanca, Rogers Hornsby, ambos con los Azules de Veracruz

Jorge Pasquel decidió no tolerar los prejuicios raciales de Hornsby ni su incapacidad para hacer ganar al Veracruz y lo echó del timón. En su lugar, nombró a Willie Wells como mánager. Esa era otra cosa que el Diablo Wells quería enfatizar en la entrevista: es tu habilidad para jugar y entender el beisbol, no tu color, lo que realmente importaba en México.

“Aquí en México, soy un ser humano. Aquí puedo ir tan lejos hasta donde quiera y pueda ser capaz de llegar en el beisbol. Puedo vivir donde me plazca sin encontrar restricción alguna por mi color de piel. Así que, como puedes ver, todo eso tiene mucho qué ver en mi decisión de volver aquí”.

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