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Dos horas con Memo Luna: El autógrafo del mexicano que lanzó un solo día en Grandes Ligas

Memo Luna
Memo Luna

Un buen día de 2007, me llegó la información de que Memo Luna gozaba de cabal salud en Los Mochis. Me emocioné. Luna fue el séptimo mexicano en alcanzar las Grandes Ligas en 1954 y el primer lanzador zurdo.

He sido coleccionista de beisbol desde 1999, y poco tiempo después me nació el interés por coleccionar los autógrafos de todos los mexicanos que han jugado en Grandes Ligas. Hoy los tengo todos.

De Hermosillo a Los Mochis por un autógrafo

Pero hace 10 años, era otra cosa. Mi papá y yo decidimos lanzarnos un fin de semana desde Hermosillo hacia el norte de Sinaloa para conocer ex ligamayoristas y conseguir sus autógrafos.

Fue a través de una de las grandes amistades que ha forjado mi papá, el Dr. Luis Arturo Arellano Romero, en el medio beisbolero debido a su hobby por escribir y comentar en radio. Esa amistad, Poly Figueroa, cronista de los Cañeros de Los Mochis, fue quién por primera vez nos contó sobre Luna viviendo en Los Mochis.

La historia de Memo Luna en Grandes Ligas es fascinante, y a la vez, agridulce. Es la historia de lo que pudo ser. A pesar de ser uno de los grandes brazos de su época, don Memo apenas jugó un solo día en Grandes Ligas. Sacó dos tercios, los únicos dos outs de su vida en el mejor beisbol del mundo.

Fotografía autografiada 8 por 10 de Memo Luna
Fotografía autografiada 8 por 10 de Memo Luna

El único día de Memo Luna en Grandes Ligas

El 20 de abril de 1954, en el sexto juego de la temporada para los Cardenales, Memo Luna, ponderado entonces como un prospecto de altos vuelos, recibió la bola para abrir el partido.

En el día más importante de su carrera, Luna debutó con pasaporte. Le dieron dos dobletes, regaló dos pasaportes, y recibió dos carreras. Tras enfrentar a 6 bateadores y sacar solo 2 outs, Memo Luna fue bajado de la loma.

Mientras caminaba cabizbajo hacia el dugout, seguramente no se imaginaba que hasta ahí había llegado su carrera en Grandes Ligas. No hubo una segunda oportunidad para reivindicar una mala primera impresión.

Por eso mismo, yo no sabía con qué me iba a topar al ir a Los Mochis a visitar a don Memo. Yo era un adolescente que llegaría a removerle recuerdos a un hombre de 77 años. No lograba adivinar en el trayecto si habría algún dejo de amargura en él por haber durado un solo día en Grandes Ligas, o si habría la satisfacción de haber llegado, de haber conseguido lo que pocos pueden presumir: alcanzar las Grandes Ligas.

Era una emoción difícil de describir. En ese momento, el autógrafo de Memo Luna lanzaría mi colección a un nivel superior. Conseguirlo implicaba que me dedicaría totalmente a la colección de los mexicanos en Grandes Ligas. A partir de ahí, ya podría pensar en buscar autógrafos más difíciles como Melo Almada, Jesse Flores, Vinicio García, o el fantasmagórico Marcelino Solís.

Fue mucho tiempo para reflexionar en aquel autobús, en los casi 500 kilómetros que separan a Hermosillo de Los Mochis. Pasamos Guaymas, Empalme, Obregón, Etchohuaquila, Navojoa, un peregrinaje por tierras fértiles en la producción de beisbolistas de alto nivel. Muchas historias imborrables de ligamayoristas se han forjado a la vera de ese camino.

No hablé con don Memo previo al viaje, aunque tenía la sensación de que lograría conocerlo. 

El momento en que nos abrió la puerta

Cuando llegamos a su puerta, el nerviosismo era total. La incertidumbre de cómo se comportaría quien estaba detrás de esa puerta era electrizante.

Y ahí estaba. La primera impresión fue de una enorme familiaridad. Había visto ese rostro cientos de veces en tarjetas, fotos y coleccionables. Aunque ese rostro que había visto era el de un joven de 24 años, es imposible no reconocerlo en el Memo Luna de entonces.

Para ser un hombre de 77 años, don Memo se veía muy bien físicamente y bastante animado. Hablaba muy fluido. Tiene un poco de problema para caminar, lo hace algo encorvado. 

Sin embargo, aún conserva su gran estatura de ex jugador de Grandes Ligas. La espalda ancha, los brazos gruesos, las manos grandes. En la foto que aún conservo, a más de 10 años de aquel primer encuentro, veo a don Memo recto, fuerte, y con una media sonrisa llena de dignidad. No había amargura alguna. Respiré.

El primer encuentro con el gran Memo Luna
El primer encuentro con el gran Memo Luna

Dos horas tomando café

Con esa sonrisa, como si nos conociéramos de toda la vida, nos invitó a pasar a su casa. Ávido de platicar de beisbol, estuvimos dos horas en su cocina, platicando, recordando y tomando café.

Vive en su casa con su hija y sus nietos. En la estancia, don Memo conserva una pared tapizada de memorabilia. Hay ampliaciones de su tarjeta con Cardenales, trofeos, medallas, placas, y mucho más. Era la evidencia de un hombre que sigue orgulloso de sus recuerdos y sus logros en el beisbol.

Los recuerdos de la lesión

Los recuerdos no solo estaban vívidos en la estancia de su casa, sino también en su memoria. Don Memo estaba plenamente lúcido. Las escenas avanzaban en su plática como si las estuviera viendo en una película.

Recordó su recorrido por Ligas Menores, cuando fue comprado por los Cardenales en una cantidad muy importante: 75,000 dólares y un par de jugadores.

Le llamaron en ese momento el “100,000 bonus baby”, el bebé de los 100,000 dólares. Todo esto gracias a un gran arsenal de pitcheos que incluía una potente recta, acompañada de curvas, sliders, nudilleras y cambios de velocidad.

A Memo Luna, como a muchos de los peloteros latinos de su época, le gustaba jugar todo el año. Al regresar de Ligas Menores, en Estados Unidos, reportaba a la vieja Liga de la Costa. A finales de 1953, cuando se conoció el gran monto en el que había sido comprado por los Cardenales, le llegó una invitación para ir a jugar a la potente Liga Cubana con los Alacranes de Almendares. Solo los más caballones alcanzaban lugar en la isla.

Previendo lo peor, los Cardenales le pusieron una fecha límite. A partir del 1 de diciembre de 1953, no podría lanzar más. Debía descansar hasta reportar al Spring Training de 1954.

Tras una gran actuación en Cuba, Luna respetó la fecha límite y viajó a San Luis a hacerse un exámen médico que aprobó. Y luego regresó a México, con el propósito de descansar y alistarse para el Spring Training.

Pero la cosquilla de lanzar fue más grande, y en lugar de descansar, Memo Luna se subió a la loma. Apareció lanzando en la Liga Veracruzana. Perdió el primer juego y luego, en el segundo partido, vino la lesión. Luna comenzó a tocarse el codo de su brazo de lanzar. Siguió en el partido, lo completó, pero la lesión no se fue. Estaba tirando a media velocidad.

Si antes Memo Luna era imbateable, el día de la lesión le hicieron cinco carreras. Nada volvería a ser igual.

Caballo de batalla

Don Memo se enorgullece de haber sido un caballo de batalla. Nos contó de cómo llegaba a abrir varios juegos por semana en la Liga Arizona-Texas de principios de los 50, y en otra liga con Tijuana donde llegó a lanzar más de 300 innings en una temporada y ganar 26 juegos. Llegó a tener juegos de 18 ponches.

Ahí se escribió la historia. Don Memo nos platicó que llegó lesionado al Spring Training de 1954. Su recta y su curva ya no eran lo mismo por el dolor en su codo de lanzar.

La situación no cayó nada bien con su mánager ni con sus coaches. Le habían pedido que se cuidara, que ya no lanzara el invierno anterior, y don Memo prefirió seguir lanzando. Hoy lo recuerda con una sonrisa irremediable.

Aun batallando con la lesión, Memo Luna fue colocado en el roster para Opening Day de los Cardenales. Yo creo que por la fuerte inversión que había hecho el equipo para comprarlo, y por los reflectores que había generado su transacción. Días después llegó su primera y última oportunidad. El único día de su vida en Grandes Ligas.

Recuerdos dignos

Nunca, ni por un momento, percibí algún dejo de arrepentimiento o amargura en el relato de don Memo. Le gustaba lanzar en invierno y defendía a muerte el tener la oportunidad de lanzar ante su gente en México.

Para conseguir su autógrafo, yo iba preparado con la tarjeta Bowman 1954, que es una de sus tres tarjetas conocidas. Llevaba también una pelota oficial de Grandes Ligas. Además llevé una impresión tamaño 8 por 10 de su misma tarjeta Bowman. Y las armas de siempre: mi plumón Sharpie azul y una pluma Bic del mismo color. 

Pelota oficial de Grandes Ligas autografiada por Memo Luna
Pelota oficial de Grandes Ligas autografiada por Memo Luna

Las tarjetas de Memo Luna

De entre las tarjetas que se conocen de Memo Luna, hay una que no sé de alguna colección que la tenga, pero me fascinaría conseguirla. Es la tarjeta denominada “1954 Cardinals Hunter’s Wieners#12”. Tengo una venta registrada en 108 dólares que se dio en septiembre de 2012 a pesar de estar en muy mal estado.

Entre los coleccionables que existen de Memo Luna, también hay una tarjeta que podríamos llamar de Ligas Menores, la “1952 Mother’s Cookies #26”, con los Padres de San Diego de la Pacific CoastLeague. De ella, tengo una copia autografiada. Esas son las tres tarjetas oficiales que existen de don Memo.

Por muchos años, el de don Memo fue un autógrafo muy difícil de conseguir. No al grado de Marcelino Solís, pero sí muy difícil, pues también jugó para un equipo con una fuerte afición, como son los Cardenales y apareció en un set popular: el Bowman de 1954. En ese set es compañero de Beto Avila #68, o Bobby, como lo conocieron los estadounidenses, quien aparecía por cuarto año consecutivo en el set.

En la búsqueda de un autógrafo de Memo Luna, llegué a conocer a un coleccionista que buscaba la firma porque su objetivo era tener completo todo ese set de 224 tarjetas autografiado, el Bowman 1954.

La tarjeta Bowman 1954 de Memo Luna
La tarjeta Bowman 1954 de Memo Luna

En ese momento, yo no había visto su firma disponible para venta y fue hasta el viaje del 2007 a casa de don Memo que la obtuve. Con el paso de los años, ha habido un par de coleccionistas que lograron realizar una firma grande con don Memo, y con ello han podido satisfacer al mercado de cierta forma. Por eso ya no es una firma tan difícil de conseguir, como cuando fui a visitarlo.

Aún recibe correspondencia de Estados Unidos

Don Memo me platicó que con frecuencia recibe correspondencia de Estados Unidos solicitando su autógrafo. Y él dice que sí contesta, siempre y cuando tenga manera de devolverla. 

Asegura que no es muy común que reciba visitas de fuera de la ciudad como la mía, pero dentro de Los Mochis sí es una celebridad.

A poco más de 10 años de aquel emocionante viaje en autobús desde Hermosillo hasta Los Mochis para conocer a don Memo Luna, me da mucho gusto saber que a sus 88 años se encuentra bien en su ciudad adoptiva de Los Mochis.

Han pasado casi 65 años desde aquel día, y don Memo hoy goza de salud. Pero además, le sonríe con satisfacción a sus recuerdos, los de un mexicano que jugó un solo día en Grandes Ligas.

Arturo Arellano Silva

Written by Arturo Arellano Silva

Coleccionista de tarjetas y memorabilia. Médico de profesión. Especializado en la colección de autógrafos y memorabilia de todos los peloteros mexicanos que han jugado en Grandes Ligas.

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