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El Campo de los Sueños

La llegada de Jorge Pasquel a la Liga Mexicana y las 7 semejanzas con la crisis actual de la liga

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La crisis reciente que vivió la Liga Mexicana de Beisbol, con dos grupos enfrentados por visiones distintas sobre el rumbo que debe llevar el circuito, no es nueva.

En realidad, guarda muchas semejanzas con otra crisis que se vivió en 1940, y que fue provocada por la llegada de Jorge Pasquel a la Liga Mexicana. Aquella crisis terminó en una ruptura, y en la creación de dos ligas, pero esa es solo una de las múltiples coincidencias. En realidad, muchos de los argumentos y maniobras que hoy se utilizan, fueron también aplicadas en aquel momento.

Como en aquella ocasión en que llegó Jorge Pasquel, hoy la llegada de nuevos dueños con distintas estrategias y visión, ha generado discordancia.




1. Dos grupos

En el último par de años, la Liga Mexicana de Beisbol estuvo dividida en dos facciones. Por un lado, un grupo de propietarios que han llegado a la liga en años recientes, al que llamaremos Grupo Nuevo para rápida identificación. Por el otro lado, el grupo que estuvo liderado por los dueños que tenían más tiempo en la liga, al que nombraremos Grupo Tradicional.

El Grupo Nuevo empezó a conformarse de cara a la temporada de 2014, cuando Alberto Uribe compró una franquicia para llevarla a Tijuana, mientras que los hermanos Juan José y Erik Arellano adquirieron a los Leones de Yucatán. A finales de ese mismo año se oficializó la compra de los Pericos de Puebla por parte del empresario Gerardo Benavides.

Uribe, los hermanos Arellano y Benavides, por una afinidad de visión, se alinearon de forma casi natural en el liderazgo del Grupo Nuevo, bloque que creció cuando los Arellano compraron también la franquicia de Torreón de cara a la temporada 2016, y cuando Benavides adquirió el equipo de Monclova previo a la campaña 2017. A ese grupo que ya conforman Tijuana, Yucatán, Torreón, Puebla y Monclova se unieron en su momento Veracruz y Aguascalientes. Siete en total.

El Grupo Tradicional fue encabezado en su momento por Roberto Mansur y Alfredo Harp, de Diablos Rojos y Guerreros de Oaxaca; Carlos Peralta, de Tigres; y José Maiz y Roberto Magdaleno, de Sultanes. A ellos se sumaron los equipos de Campeche, Tabasco, Saltillo y Durango (antes Delfines del Carmen). Ocho clubes.

Además, está el caso de los Bravos de León, que se incorporó a la liga para 2017 y que ha sido una organización que ha coqueteado con ambos bandos, pero con una inclinación natural hacia el bloque de nuevos dueños.

Al igual que en 2016, Jorge Pasquel, como dueño nuevo se encontró también en 1940, cuando llegó a la liga, con un grupo en desacuerdo a sus intereses. Cuando se anunció que Pasquel entraba a la Liga Mexicana con un nuevo equipo, los Azules de Veracruz, los dueños de los Cafeteros de Córdoba y el Águila de Veracruz encabezaron un movimiento disidente, al que sumaron a los Alijadores de Tampico, al Anáhuac y el Comintra, además de los Gallos de Santa Rosa.

A favor de Pasquel, el único equipo que no estaba involucrado en el movimiento disidente era el Monterrey. Posteriormente, los directivos de los Gallos de Santa Rosa también se salieron del grupo disidente. Rápido, Pasquel operó para sumar un equipo de Nuevo Laredo, la Junta, y otro en Torreón, el Unión Laguna. Nació también un nuevo equipo en la capital del país, los Rojos del México.




2. ¿Dos ligas?

Ante los desacuerdos que prevalecieron con el paso de las asambleas, los propietarios del Grupo Tradicional amenazaron con formar su propia liga. Esto claramente desembocaría en un cisma como el que ocurrió en 1940.

La pugna contra la llegada de Pasquel terminó con que el grupo encabezado por Córdoba y el Águila armara su propia liga, la Cismática, y dejara a Pasquel con sus aliados en otra liga, la Mexicana.

Al final, fue la liga del magnate la que prevaleció gracias a dos jugadas maestras de Pasquel. La primera, comprarle el Parque Delta a la Compañía de Luz y Fuerza. El Delta era el principal parque de la capital del país y donde jugaban dos equipos del bando rival, el Comintra y el Agrario (Anáhuac). Luego, dio otro golpe letal contra el Águila, al comprar el Parque Deportivo Veracruzano. Con esto, despojó a los antiguos equipos de los parques donde jugaban y tuvieron que improvisar otros terrenos. La afición no respondió con el mismo entusiasmo en la nueva ubicación y eso terminó por ponerle fecha de muerte a la Liga Cismática que solo duró un año y tuvo que cortar temprano su temporada frente a las pérdidas que acumulaba.

Al final, la amenaza de cisma en 2016 en la liga fue frenado gracias a una intervención del beisbol organizado de Estados Unidos que fungió como árbitro.

3. Remoción polémica del presidente de la liga

En enero de 2017, el Grupo Tradicional al ser mayoría en la asamblea, destituyó al presidente de la Liga Mexicana, Plinio Escalante, a quien señalaban de favorecer al Grupo Nuevo.

Esto también ocurrió en 1940. El grupo antagónico a Jorge Pasquel organizó una asamblea extraordinaria por sorpresa y anunciaron que Ernesto Carmona quedaba removido de la presidencia de la liga. El único equipo que no participó en el cuartelazo era el Monterrey, que envió un comunicado en que reprobaba el golpe, y notificaba que seguía reconociendo a Ernesto Carmona como presidente y a Fray Nano como comisionado. Posteriormente, los directivos de los Gallos de Santa Rosa también se salieron del grupo golpista argumentando que la dirigencia de los Cafeteros de Córdoba los habían engañado para meterlos a la disidencia.

Al final, Carmona y compañía se quedaron en la Liga Mexicana de Jorge Pasquel, mientras que la Liga Cismática organizó su propia directiva.




4. ¿Espectáculo o mexicanos?

Los dueños actuales de los clubes en la Liga Mexicana pasan por un dilema similar al que provocó Jorge Pasquel cuando apareció en la liga a finales de 1939. Por un lado, el Grupo Nuevo pugna por una liga de espectáculo; que sea un torneo en el que se invierta mucho dinero para atraer al aficionado y generar ganancias. Buscan llegar a eso abriendo sin límites el mercado de los jugadores mexicoamericanos, y aumentando el tope de extranjeros.

El otro bando, el Grupo Tradicional, busca una liga que dé prioridad al jugador nacido y formado en México, y pugnó por limitar el número de mexicoamericanos y reducir lo más posible la cuota de extranjeros.

Tanto el Grupo Nuevo hoy, como Jorge Pasquel en 1940, encontraron para la Liga Mexicana un mercado de talento que estaba intacto, vasto, y con alto nivel de calidad. Para el Grupo Nuevo, este mercado es el de los mexicoamericanos; y para Jorge Pasquel, en su momento, fueron los jugadores afroamericanos estadounidenses que no podían jugar en las Grandes Ligas porque estaban vetadas para los jugadores de raza negra.

La situación de los mexicoamericanos hoy, es muy similar a la de los jugadores negros de 1940. Son jugadores de gran nivel que, ignorados por las Grandes Ligas, tienen que encontrar trabajo en ligas independientes, y para quienes un salario de Liga Mexicana es muy superior a lo que percibían en las ligas independientes, lo mismo hoy como en las Ligas Negras en los 40.

Cuando Jorge Pasquel llegó a la Liga Mexicana logró que el límite de extranjeros se subiera de cuatro a siete por equipo, aduciendo que debía buscarse un mejor espectáculo. Y lo consiguió, pues en ese 1940 se vio la que quizás la temporada con más calidad en la historia del circuito. En esa temporada participaron en la Liga Mexicana ocho jugadores que hoy están en el Salón de la Fama de Cooperstown.

Los Azules de Veracruz de Jorge Pasquel en 1940




5. Paridad

Pese a que en un inicio, Jorge Pasquel nutrió a su equipo, los Azules, con lo mejor que pudo encontrar y arrasó en la temporada, rápido se dio cuenta de que el espectáculo también debía ir emparejado a la paridad. Una liga desbalanceada implica menos atractivo para el aficionado.

La oficina de la liga se convirtió en un centro de control, no solo administrativo, sino también financiero. Pasquel promovió que por cada peso que entrara a la taquilla, 75 centavos irían a una bolsa para ser distribuido de forma equitativa entre todos los equipos, y los 25 centavos restantes le quedaban al equipo local. Todos los gastos de logística, como transportación y demás, serían enviados cada mes a los equipos, procedentes de la bolsa de la liga. Lo que quedara como ganancia, se repartiría de forma equitativa. Era un sistema adelantado a su tiempo, muy parecido al mecanismo de distribución de ingresos que rige a las Grandes Ligas, y a otras ligras profesionales de Estados Unidos.

La figura del comisionado se encargaría, además, de contratar peloteros para la liga y de asignarlos a cada equipo en base a sus necesidades deportivas. Esto llevaba el objetivo de evitar que los equipos ricos dominaran la liga.

La disparidad entre los equipos ricos y los chicos está hoy en el centro de la discusión de la crisis de visión que vive la Liga Mexicana. Los equipos líderes, tanto del Grupo Nuevo como del Grupo Tradicional en la LMB son equipos ricos, a los que divide el enfoque de lo que la liga debe ser, si una liga de espectáculo o una de desarrollo de talentos. Pero, más allá de los equipos líderes, en cada grupo hay equipos chicos que se suman a uno u otro bloque, buscando el modelo de gestión que mejor aporte al balance deportivo.

Si no hay límites de mexicoamericanos ni límites salariales, entonces los equipos ricos serán los que acaparen el talento. Si se ponen límites, entonces quedará más talento de mexicoamericanos disponible y dispuesto a firmar por menos dinero. Por el otro lado, hay equipos chicos que ven en los peloteros extranjeros a su única manera de competir, pues no tienen dinero para visorear por todo el territorio nacional, ni pagar para firmar jugadores jóvenes y luego pagar aún más para desarrollarlos. A esos equipos les resulta más barato firmar un extranjero que desarrollar 10 jóvenes durante tres o cuatro años sin saber si llegarán a ser titulares en Liga Mexicana.




6. Menos gobierno y más iniciativa privada

Hasta antes de 1940, muchos de los equipos de la Liga Mexicana dependían de dinero público. Había equipos como el Agrario, que era subsidiado por la Secretaría de Agricultura; el Comintra, que era respaldado por la Secretaría de Comercio, Industria y Trabajo. Además, otros equipos como el de Tampico era mantenido por el gremio de alijadores del puerto.

Cuando colapsó la Liga Cismática, el equipo de Tampico, que se había marchado de la Liga Mexicana, tuvo que ser vendido por el gremio de alijadores a un grupo de capitalistas privados y rentar su parque. Fue así que Jorge Pasquel los recibió de nuevo en la Liga Mexicana a media temporada, y curiosamente, con el mismo récord que llevaban en la liga disidente. Los Gallos de Santa Rosa también presentaron problemas durante la temporada de Liga Mexicana y tuvieron que mudarse a Chihuahua a media campaña.

Al año siguiente, en 1941, se dio un caso muy similar con Puebla, que originalmente fue un club nuevo jugando en la Liga Cismática. Los dueños que habían pedido su ingreso con el grupo disidente no pudieron seguir operando, y vendieron el parque y el equipo a Jorge Pasquel, quien a media temporada lo trasladó de Puebla a Veracruz para convertirlo nuevamente en el Águila, con nueva directiva.

Cuando se dio el cisma, salieron de la Liga Mexicana los equipos que eran propiedad del gobierno o de gremios sindicales, y los que entraron eran operados por capitalistas privados. Salió el Comintra, el Anáhuac (antes Agrario), los Alijadores de Tampico, todos ellos operaban con dinero público, además del Córdoba y el Águila, propiedad privada pero enfrentados a Pasquel. Para la temporada 1940, se quedaron Monterrey y Santa Rosa, y llegaron Torreón, Nuevo Laredo, el México, y los Azules, todos propiedad privada.

Esto también tiene su paralelismo con lo que ha buscado el Grupo Nuevo en la actualidad. La Liga Mexicana entró en una fiebre por recibir apoyos de gobiernos municipales y estatales, en la cual hubo equipos que llegaron a depender enteramente de estos subsidios, y una vez que cambia el gobierno que entregó los apoyos, llegan los problemas. En abril de 2015, un reportaje del semanario Proceso documentó que 7 de los 16 equipos recibían apoyos gubernamentales.




7. El triunfo contundente de un bando

La crisis que vivió la Liga Mexicana en el invierno de 2016 y comienzos de 2017 terminó con el triunfo del Grupo Nuevo, que logró hacer prevalecer su visión al lograr la implementación de la regla que quitaba las restricciones a la contratación de mexicanos nacidos fuera del territorio nacional.

La decisión orilló a Carlos Peralta, propietario de Tigres y uno de los líderes más visibles del Grupo Tradicional a vender su franquicia y retirarse de la liga.

Posteriormente, otro peso pesado del bloque, los Sultanes de Monterrey, sufrieron transformaciones profundas. Su propietario Pepe Maiz vendió una cantidad considerable de acciones al poderoso grupo regional de medios de comunicación, Multimedios, y con ello cedió también el control de la operación del equipo. Salió Roberto Magdaleno, un directivo de muchos años y experiencia en la liga y claramente alineado a la visión del Grupo Tradicional.

El último golpe importante recibido por el Grupo Tradicional fue la salida de Roberto Mansur de los Diablos Rojos del México. El directivo argumentó un retiro voluntario, pero muchas versiones apuntan a un despido por parte del propietario Alfredo Harp. Mansur había sido quizás la voz más activa en defensa de una política de más desarrollo de peloteros nacidos en México y no tanto espectáculo.

Al igual que cuando llegó Jorge Pasquel, se impuso la visión del espectáculo y el negocio. En su momento, los equipos que se separaron de la liga con la llegada del empresario, terminaron por sucumbir y regresar a la liga años después con otras directivas, mientras la liga de Pasquel entró en una época dorada, quizás la mejor en la historia de la liga.

Mucho espectáculo, pero poco desarrollo. Con la cantidad de peloteros extranjeros de gran calidad que jugaban en México en los años 40, solo los mejores mexicanos encontraban cupo, y se frenó el desarrollo del pelotero nacional. Hasta 1950, solo cuatro mexicanos habían llegado a las Grandes Ligas, y de ellos, solo el Chile Gómez y Beto Ávila habian sido producto del beisbol mexicano.

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La primera mujer en el beisbol profesional de México

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Chacha Canavati

Por fin llegó la fecha del esperado debut de Luz Alicia Gordoa como ampayer profesional en la Liga Mexicana de Beisbol, el cual se estará llevando a cabo en el primer juego de la serie entre los Diablos Rojos del México y Guerreros de Oaxaca en el estadio Fray Nano, casa de los escarlatas.

Para la Liga Mexicana de Beisbol y por supuesto, para la sinaloense, será un momento histórico al ser colocada como ampayer de tercera base, en la cruzada del circuito veraniego por la equidad de género.



El momento esperado

Después de un largo proceso de preparación supervisado por Luis Alberto Ramírez, director de ampayers de la liga de verano, Gordoa aseguró estar lista para el ansiado debut, después de haber participado anteriormente en un encuentro entre los Petroleros de Salamanca y Cajeteros de Celaya en la Liga Invernal Mexicana, lo cual aconteció el 23 de noviembre del año anterior.

Luz Alicia Gordoa

Luz Alicia Gordoa

El debut de Luz Alicia Gordoa se da precisamente tres días después (mayo 13), de haber ocurrido otro hecho histórico en el beisbol mexicano, cuando la también sinaloense Karla Espinoza, firmó un contrato como buscadora de talento de los Devil Rays de Tampa Bay, siendo la primera vez que una mujer mexicana participa en este rol con un equipo de Grandes Ligas.

La primera mujer en el beisbol profesional de México

Sin embargo, al momento de señalar a la primera mujer mexicana ocupando un puesto importante en el beisbol profesional de México nos lleva a recordar a Carmen La Chacha Canavati a mediados de los años 60.

Chacha Canavati entregando el Guante de Plata a Julius Grant

Chacha Canavati entregando el Guante de Plata a Julius Grant





Carmen Canavati se convirtió en presidente de los Sultanes de Monterrey tras la trágica muerte de su hermano Anuar, el 11 de mayo de 1965.

La Chacha, llamada así por la prensa regiomontana, fungió como presidente del club durante la campaña de 1965 y 1966, teniendo entre sus peloteros a figuras de la talla de Felipe Montemayor, Panchillo Ramírez, Vinicio García, José Ramón López y por supuesto, el formidable Héctor Espino.

Carmen llevaba muchos años haciendo labor administrativa en el club regio junto al Lic. Fernando Leal Martínez, quien fungía como gerente de la novena.

Fueron dos campañas al frente de los Sultanes y al finalizar la segunda de ellas optó por vender el club a la Cervecería Cuauhtémoc, empresa que nombrara como presidente al Lic. Rodolfo González Castillo, el periodista más reconocido de la sultana del norte.

Chacha Canavati con el Lic. Fernando Leal Martínez, un personaje desconocido y el Lic. Rodolfo González Castillo

Chacha Canavati con el Lic. Fernando Leal Martínez, un personaje desconocido y el Lic. Rodolfo González Castillo

Hoy, 52 años después, dos mujeres hacen historia; Karla Espinoza como buscadora de talento o scout de Tampa Bay y Luz Alicia Gordoa, como ampayer del circuito veraniego, dos sinaloenses que deberán estar por siempre en la memoria de los aficionados al rey de los deportes, sin olvidar a Carmen Canavati, la primera mujer que ocupara un cargo importante en la Liga Mexicana de Beisbol, siendo presidente de los Sultanes de Monterrey, durante la década de los 60.



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Anuar Canavati, el hombre que salvó al beisbol mexicano

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Anuar Canavati con con George Trautman y Happy Chandler

Anuar Canavati será por siempre recordado en el entorno beisbolero de nuestro país, gracias a su gran aportación para que la Liga Mexicana pudiera integrarse al Beisbol Organizado, hecho que pudo concretarse el 22 de enero de 1955.

Desde finales de 1949 el entonces propietario de los Sultanes de Monterrey había comenzado los trámites ante el Comisionado de Ligas Mayores; Happy Handler, con la finalidad de que el circuito veraniego lograra afiliarse a dicho organismo y de esa forma pudiera tener convenios con los equipos de Ligas Mayores.

Fueron varios años de pláticas constantes del magnate chihuahuense con Chandler y George Trautman de la National Association, consiguiendo su objetivo seis años más tarde.

De esta forma, la Liga Mexicana comenzaba una nueva etapa tras la salida de Jorge Pasquel, la aportación de Canavati y la llegada de Alejo Peralta y sus Tigres capitalinos.

Anuar Canavati, uno de los principales impulsores del beisbol mexicano

Anuar Canavati, uno de los principales impulsores del beisbol mexicano



Por la puerta grande
Su ingreso al rey de los deportes se dio en 1940 patrocinando al equipo Camisas Canavati en la Liga Invernal de Beisbol de Monterrey que contaba con cuatro novenas. Las otras eran: Casa Bremer, Hotel Bridges y Sección 19. En compañía de su hermano Tofic manejaron el club Camisas Canavati, participando en cuatro o cinco temporadas.

Su primera inclusión en el beisbol profesional se dio en 1944 cuando por órdenes del Gral. Manuel Reyes Iduñate, Director Nacional de Educación Física, formó el equipo de beisbol que representó a México en el Campeonato Mundial celebrado en Caracas, Venezuela. Canavati seleccionó a José Luis Chile Gómez de manager y entre sus jugadores estaban Ezequiel Kelo Cruz, Alejandro Cabezón Uriarte, Beto Avila, Jesús Chanquilón Díaz, Juan Guerrero, Francisco Zurdo Alcaraz, Alberto Coty Leal, Héctor La Comadre Leal, Bernardo López, Guillermo Memo López, Luis Molinero Montes de Oca y otros jugadores, realizando tan buen papel que incluso llegaron a las finales.

En 1946 fue comisionado por don Miguel Margáin Zozaya, entonces presidente del Club de Baseball Monterrey para que hiciera un viaje a Estados Unidos con la finalidad de contratar un parador en corto y después siguió colaborando con el equipo regiomontano.

En junio de 1948 Jorge Pasquel retiró el equipo de Monterrey, que le pertenecía, y se lo llevó a la ciudad de México al no haber una exención de impuestos, temporada que terminó antes de su final por incosteabilidad, aunque el título fue ganado por los regios. De manera personal, Canavati hizo gestiones ante el Lic. Arturo B. de la Garza, Gobernador del Estado, quien era su amigo, con la intención que se lograra dicha exención, Pasquel recapacitara y regresara el equipo a la sultana del norte. Su petición fue aceptada y los impuestos fueron rebajados a un mínimo considerable.

Dueño de los Sultanes
Ante esa perspectiva, Pasquel lo mandó llamar a la ciudad de México y le propuso que se hiciera cargo del Club, formando una sociedad con él, al 50 por ciento. El directivo del Monterrey le puso como condición principal que le instalara alumbrado al Parque Cuauhtémoc y que le diera la dirección absoluta de la escuadra, Pasquel accedió a ello y de esa forma pudo ingresar al beisbol profesional al cien por ciento.

Anuar Canavati, dueño de los Sultanes de 1948 a 1965

Anuar Canavati, dueño de los Sultanes de 1948 a 1965



En los inicios de 1949, ya como presidente de los Sultanes, tuvo su primera dificultad con el magnate veracruzano, quien era el dueño absoluto de la liga, lo que orilló a poner fin a su sociedad, viéndose obligado a comprarle el 50 por ciento del club, que le pertenecía. De esa forma, Monterrey fue la primera novena que se manejó de forma independiente en la Liga Mexicana de Beisbol, mientras las siete restantes siguieron bajo el control del directivo veracruzano.

Un año más tarde, Canavati hizo que el Aguila de Veracruz se independizara parcialmente. Así, para la primera junta de 1951, ya había dos clubes independientes fuera de los dominios de Pasquel. Ese mismo año convenció a los directivos de Nuevo Laredo para que se independizaran y lo mismo hizo con el club de Torreón. De esa forma, al iniciar el calendario de 1952 ya había cuatro clubes independientes y aunque todavía no tenían mayoría, cuando menos ya había bastante libertad y podían tomar decisiones propias.

Al iniciarse las gestiones para la temporada de 1953, Canavati se encontró con las siguientes dificultades: El Parque Delta había sido vendido antes de la entrega del poder del Lic. Miguel Alemán al Departamento Central. El clan de los Pasquel optó por retirarse del beisbol y sólo quedaron seis clubes, al retirarse Veracruz que jugaba en la capital y salirse San Luis para jugar en México. Así iniciaron la temporada de 1953 con tan sólo seis equipos. En julio de ese mismo año, Torreón se retiró de la liga, dejando en una posición difícil a los otros cinco. Poco después se retiró Jalisco, quedando sólo Nuevo Laredo, Aguila, México Rojos y Monterrey. En agosto, el principal directivo de los Diablos Rojos abandonó la Liga y para que esta no terminara, pudiendo conservar a los jugadores, Nuevo Laredo, Aguila y Monterrey se hicieron cargo de los Diablos.

Anuar Canavati dando el mando de los Sultanes a la Mala Torres

Anuar Canavati dando el mando de los Sultanes a la Mala Torres

Sorteando problemas
La temporada de 1954 estuvo llena de problemas. El Parque Delta había pasado a pertenecer al Seguro Social y éste procedió a derrumbarlo inmediatamente para edificar uno nuevo. Sólo quedaban tres clubes y el Ing. Carlos Rubio del Veracruz, manifestó que no seguiría más, por lo que Canavati tuvo que realizar una labor de titanes, pues había que encontrar quien se hiciera cargo de los clubes México Rojo, además de otro club de México.

Poco después consiguió personas que se hicieran cargo del México Rojo y al otro club le pusieron Azules del México.
Yucatán trató de ingresar a la liga y Canavati logró convencer al Ing. Rubio del Veracruz para que siguiera con su novena. Ya asegurado el Aguila, Canavati regresó a México a una junta presidida por Arnulfo Canales, con la finalidad de resolverle al Yucatán. Este equipo ofreció pagar los pasajes de ida y vuelta a los demás clubes a Mérida, y en esa forma quedó constituida la liga, dos clubes de México, Nuevo Laredo, Aguila, Yucatán y Monterrey.

Tan pronto comenzó la temporada realizó esfuerzos por enderezar y procurar el ingreso de la Liga Mexicana al Beisbol Organizado. A éste respecto, en 1949 ya había acompañado al Dr. Eduardo Quijano Pitman, entonces presidente de la Liga a entrevistarse con los señores Happy Chandler y George Trautman, Altos Comisionados de las Ligas Mayores y la National Association, respectivamente.

En 1954 insistió aún más para que la Liga pudiera ingresar al Beisbol Organizado. Canavati fue invitado a la Convención de la National Association que se celebraba en Houston en la última semana de noviembre, en su calidad de solicitante y observador. Ahí tuvo una reunión con el Comité Ejecutivo presidido por el señor Trautman, y luego de exponerle su intención y la solicitud de ingreso, le dieron las gracias y le dijeron que posteriormente resolverían, ya que tendrían que estudiar las condiciones de la Liga, sus actividades financieras, étc.

Anuar Canavati con con George Trautman y Happy Chandler

Anuar Canavati con con George Trautman y Happy Chandler



Al Beisbol Organizado
En enero de 1955 Canavati fue llamado por el señor Trautman, pidiéndole que fuera a la ciudad de Columbus, presentándose en aquella ciudad el 9 de enero, y en sesión del Comité Ejecutivo y ante la presencia de United Press, Associated Press y France Press, oficialmente se admitió a la Liga Mexicana de verano como miembro de la National Association, invitándolo al banquete anual de la prensa que se celebraba el 15 de enero en Nueva York, donde el Alto Comisionado Ford Frick, confirmaría dicho ingreso. Canavati fue sentado en la mesa de honor en medio de los señores Frick y Joe Dimaggio, quien era el huésped de honor en esa noche tan memorable.

Anuar Canavati, acompañado por Joe Dimaggio, el Yanqui Clipper

Anuar Canavati, acompañado por Joe Dimaggio, el Yanqui Clipper

El señor Frick le presentó a Walter O´Malley, presidente de los entonces Dodgers de Brooklyn, quien en demostración a la simpatía por haber hecho que la Liga Mexicana ingresara al Beisbol Organizado, le ofreció un arreglo de trabajo, iniciando una nueva etapa en el beisbol de México y fortaleciéndolo como la figura principal para tal efecto.

Diez años más tarde, Anuar Canavati, el hombre que logró salvar al beisbol mexicano de la debacle y que consiguiera su unificación con el Beisbol Organizado, falleció el 11 de mayo de 1965, jugando polo en un poblado de Texas.
Por sus aportaciones al beisbol y sus títulos obtenidos con los Sultanes de Monterrey, el afamado directivo ingresó al Salón de la Fama en 1973, junto a otros grandes de los diamantes.

En recuerdo de Anuar Canavati

En recuerdo de Anuar Canavati



 

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Lázaro Salazar, el mánager que tuvo la muerte perfecta

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Lázaro Salazar

Lázaro Salazar tuvo la muerte perfecta. Un 24 de abril de 1957, el destino lo recogió en el mismo lugar al cual lo encomendó: el diamante de beisbol.

Se fue asido al timón como los grandes capitanes. O como un gallardo general, con la vida desangrándose en el campo de batalla.

Ese cerebro prodigioso que, como piloto ganó 7 campeonatos, se colapsó en el dugout de los Diablos Rojos del México la noche de abril. Una devastadora hemorragia cerebral lo hizo desplomarse con su costado derecho completamente paralizado.

Aquella trágica noche de 1957 se jugaba el séptimo inning de un partido de alta tensión en que los Sultanes de Monterrey tomaban la ventaja de 1 a 0 sobre sus Diablos.

Habían pasado casi 20 años de que el cubano llegaba por primera vez a México, probablemente sin sospechar la estela de grandeza y admiración que, hoy es una flama que no deja de arder en la memoria del beisbol mexicano.

Desembarcó en el puerto de Veracruz el 10 de Agosto de 1938 para jugar y manejar a los Cafeteros de Córdoba en una temporada inolvidable para el beisbol mexicano, pues llegaban al país colosos de la talla de Cool Papa Bell o Satchel Paige para buscar destronar al poderoso Águila de Veracruz que, con Martín Dihigo, había conquistado el cetro un año antes.




A su llegada, Salazar delineó de inmediato la personalidad que le daría la denominación perpetua de “Príncipe de Belén”. El diario veracruzano “El Dictámen” publicaba el día siguiente al desembarco que “como todos los jugadores profesionales del deporte, Salazar no es el jugador de personalidad vulgar; Salazar es hombre educado, correcto y de clara inteligencia para jugar al beisbol y dirigir a un equipo, como lo demostró ya con un equipo de los tamaños del Santa Clara, campeón de beisbol de Cuba.”

No habían pasado ni tres días de que Lázaro Salazar había desembarcado cuando ya tenía su primer duelo titánico el 13 de agosto de 1938. Su rival en el montículo: Martín Dihigo.

El diamante de beisbol convirtió a Lázaro Salazar y a Martín Dihigo en colosales antagonistas de una legendaria rivalidad digna de un clásico de la literatura griega: La Iliada. Héctor y los troyanos, defendiendo las murallas de su pueblo. Aquiles y los espartanos, con su ineludible vocación guerrera buscando la conquista. Salazar era el noble de aspecto angelical, trato fino, pero habilidad innegable para la lucha, era todo un Héctor. Dihigo era Aquiles, criado para la guerra, tocado por los dioses, guerrero orgulloso de espada invencible y el más laureado héroe de su pueblo.

El triunfo es uno solo y muchos son sus pretendientes. Un guerrero en pos del triunfo espera la batalla, se prepara, besa a sus hijos y sale a batirse. La inminencia de la guerra vive en su corazón. Salazar y Dihigo supieron, desde muy jovenes, que uno era el obstáculo del otro para alcanzar la gloria. Mantuvieron una guerra por más de 20 años en los diamantes de medio continente. Las Ligas Negras de Estados Unidos, Cuba, la República Dominicana, Venezuela y México los vieron batirse por el triunfo.



Aquella batalla sabatina del 13 de Agosto en Veracruz fue como la de Aquiles y Héctor a las puertas de Troya: épica y fragorosa. “El Dictámen” la definió como “algo sensacional, emocionante y reñido en extremo.” En perfecta analogía con el clásico griego, Aquiles se volvía a imponer a un gallardo Héctor. Martín Dihigo derrotaba 2 a 1 a Lázaro Salazar en un juego histórico en que Córdoba anotaba en un infield hit y el Águila en un sencillo y un error.

En 1939, Salazar llevaría al Córdoba a la conquista de su primer cetro haciendo gala de ese genio estratégico que lo distinguía en el beisbol, además de que su aporte como pelotero fue extraordinario. Ganó el campeonato de bateo con .374 y como lanzador ganó 16 juegos.

El Córdoba aseguró el título el 1 de octubre de 1939 en un juego memorable en el Parque Cuauhtémoc de Monterrey. El duelo se extendía por 16 entradas con un empate a 3 carreras. Corriendo por tercera y 2 outs, “El Príncipe” se lanza al robo de home llegando quieto con la carrera que daría el codiciado banderín de la Liga Mexicana al Córdoba. Conseguía la misión para la que había llegado el año anterior: derrotar al Águila que terminaba en segundo puesto.

Pero, sobre todo, había conseguido lo que no pudieron ni Satchel Paige, ni Alberto Romo Chávez, ni el Brujo Rossell, ni Chet Brewer: derrotar al mítico Martín Dihigo.

Lázaro Salazar reescribía el clásico de Homero. Por fin, Héctor había batido a Aquiles, aquel orgulloso titán que poseía el don de la guerra.

Lázaro Salazar

Lázaro Salazar

“El Príncipe de Belén” se convertiría en el piloto máximo obteniendo 6 títulos más, incluyendo 3 de manera consecutiva para el Monterrey y el primero de su historia para los Diablos Rojos del México en 1956.

Como pelotero fue brillante tanto al bat como en la loma. Los números no hacen más que reflejar la extraordinaria inteligencia del cubano. Dejó un consistente promedio de bateo de .333 y en 2113 turnos al bat solamente se ponchó 105 ocasiones. Como lanzador se retiró con un admirable récord de 113 triunfos por 77 derrotas y una efectividad de 3.68.

Al final de su carrera como pelotero en activo estaba convertido ya en uno de los más grandes. Un hombre de beisbol audaz e intuitivo, perfecto conocedor del entramado psicológico de sus peloteros y de los rivales. Era el más difícil para ponchar en su época y era, también, un corredor efectivo a pesar de no ser tan veloz de pies. En realidad, Salazar corría con la mente.

Y era aquella mente la que yacía devastada en el dugout del México durante el séptimo inning de un juego que, al igual que Lázaro Salazar, se aproximaba al final. El titán luchaba por su heroica vida.

Sin embargo, el informe médico lo reportaba en “estado de coma profundo, sin ninguna respuesta al estímulo doloroso; con ambas pupilas dilatadas sin ninguna respuesta a la luz.”

Como el gran guerrero que fue, su corazón fue lo último que dejó de luchar. A pesar de la muerte cerebral en que se encontraba desde la noche anterior, su corazón dejó de latir la tarde del 25 de abril de 1957. Tenía 44 de años de edad, 7 campeonatos, un lugar asegurado en el Salón de la Fama del Beisbol Mexicano y un legado imborrable entre los más grandes peloteros que han desfilado por la Liga Mexicana de Beisbol.

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Lázaro Salazar, el Príncipe de Belén, que realmente era un rey

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Lázaro Salazar

Le decían el Príncipe de Belén, pero Lázaro Salazar era un auténtico rey, un rey de los diamantes beisboleros en los distintos países donde tuvo oportunidad de mostrar su clase y categoría, ya que además de Cuba y México también logró destacar en Venezuela y Dominicana.

El cubano falleció en un 25 de abril, de 1957, cuando comandaba a los Diablos Rojos del México, equipo al que le diera el primer banderín de su basta cosecha un año antes.

Lázaro perdía la vida prácticamente en un diamante de beisbol, al verse aquejado por un severo malestar que le causara un desvanecimiento en el dugout del parque del Seguro Social, mientras dirigía un encuentro en contra de su anterior equipo, los Sultanes de Monterrey, club al que había dado cuatro gallardetes en su estancia en la sultana del norte.

El cubano requirió hospitalización y falleció al día siguiente. Recién se cumplen 61 años de aquella fecha.

Un jugador completo

El beisbol se vestía de luto al fallecer uno de sus máximos exponentes. Lázaro era un grande de los diamantes, un jugador completo, ya que además de manejar, también era un excelente bateador y un gran serpentinero.

Eso lo puso de manifiesto en su segunda temporada dirigiendo a los Cafeteros de Córdoba, equipo al que hizo campeón gracias a su forma de dirigir, obteniendo a la vez el título de bateo (.374) y el liderato de juegos ganados como pitcher con 16. El gran ídolo inmortal hizo historia robándose el pentágono en el inning 16 en forma espectacular en el partido crucial ante el equipo Carta Blanca.

Lázaro Salazar

Lázaro Salazar

Su primer título

Era el primer gallardete para el manager cubano que más tarde iba a convertirse en el máximo ganador de todos los tiempos con siete conquistas. Lázaro obtendría el banderín en la campaña de 1941 con los Azules del Veracruz y posteriormente le daría su primer título al Monterrey en el año de 1943 y el tricampeonato de 1947 al 49, récord que no han podido igualarle haesta la fecha. En 1956 hizo campeones a los Diablos Rojos del México y un año más tarde se dio su fallecimiento.

Su nombre quedó grabado para siempre en la historia de nuestro querido deporte. Lázaro Salazar pasó a la posteridad como una de las glorias inolvidables de todos los tiempos. Descanse en paz el gran ídolo cubano.

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El Campo de los Sueños

“Aquí soy un ser humano”: Así vivía un pelotero de raza negra en la Liga Mexicana de Jorge Pasquel

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El Diablo Wells junto una leyenda de raza blanca, Rogers Hornsby, ambos con los Azules de Veracruz

A finales de los años 30 y la mayor parte de la década de los 40, la Liga Mexicana de Beisbol, impulsada por el ideal de Jorge Pasquel, fue un santuario para los mejores peloteros de raza negra que hasta 1947 estuvieron segregados para jugar en las Grandes Ligas. El Diablo Wells fue el mejor ejemplo de ello.

Pero más allá de lo beisbolístico, las personas de raza negra en Estados Unidos estaban impedidas legalmente para tener una vida igual que un blanco. No podían alojarse en los mismos hoteles, comer en los mismos restaurantes o utilizar los mismos baños. En el transporte público tenían que viajar en la parte trasera aunque el resto del vehículo fuera desocupado; no podían inscribirse en las mejores escuelas y universidades del país. Legalmente, sobre todo en los estados del sur de Estados Unidos, eran ciudadanos de segunda clase.

Al no poder jugar en Grandes Ligas, los peloteros de raza negra tuvieron que organizar sus propios circuitos: las Ligas Negras. Eran ligas con condiciones de trabajo, alojamiento, organización y paga muy desfavorables. Por eso, cada vez más, los mejores peloteros estadounidenses de raza negra comenzaron a dejar sus contratos en las Ligas Negras para venir a jugar a México, donde no solo encontraban mejores condiciones laborales, sino también sociales.




El mejor ejemplo de ello, y la mejor explicación, la ofreció Willie Wells en mayo de 1944. Era una entrevista que ofreció al periodista Wendell Smith del diario Pittsburgh Courier y que quedaría para la inmortalidad.

“Entiendo que hay mucha animadversión hacia mí en los Estados Unidos porque dejé a los Newark Eagles para volver aquí a jugar pelota”, confió Wells al periodista. “Odio eso, pero siempre hay dos versiones para toda historia”.

Willie Wells dejó claro que en su salida del equipo Newark Eagles de la Ligas Negra influyeron cosas mucho más importantes que el dinero.

“Volví aquí para jugar beisbol con el Veracruz, porque tengo un mejor futuro en México, que en los Estados Unidos”, reflexionó Wells. “Yo quería quedarme en Newark porque considero buenas personas al señor y la señora Manley, los dueños del equipo de Newark. Pero no me podían ofrecer nada como lo que yo disfruto jugando para el Veracruz. No solo me pagan más dinero aquí, sino que vivo como rey”.

Algunas personas juzgan mi situación simplemente desde la perspectiva del dinero, pero es mucho más que eso. En primer lugar, en México no enfrento ningún problema de índole racial. Cuando viajo con el equipo de Veracruz, nos quedamos en los mejores hoteles, comemos en los mejores restaurantes, y vamos a donde queremos. Tú lo sabes, tan bien como cualquier otra persona de raza negra, que en Estados Unidos no gozamos de esos mismos privilegios. Allá nos quedamos en hoteles que están lejos de ser los mejores, y comemos solo donde nos aceptan. Hasta hace poco, los jugadores negros teníamos que viajar en autobuses, mientras que en México siempre hemos viajado en tren”.

En México, los peloteros de raza negra eran admirados sin ninguna restricción por la afición mexicana. Pero igualmente eran bien recibidos en los más selectos círculos sociales de la época en el país, lo mismo por los grandes actores y directores de la época de oro del cine mexicano, que por los grandes pintores muralistas y surrealistas que le daban vida a la vida intelectual mexicana.

“Los peloteros en equipos de la Liga Mexicana viven como ligamayoristas”, enfatizaba Wells. “Todo lo que tenemos es de primera clase, además del hecho de que aquí la gente es mucho más considerada que el aficionado estadounidense. Aquí somos héroes, no solo peloteros”.




En México, a Willie Wells se le bautizó como el Diablo por su agresividad para jugar el beisbol. Velocidad para ir siempre por la base extra, su astucia en el robo de bases y los toques de bola, y una gran habilidad como campocorto, le valieron ese mote diabólico a Wells.

No solo las condiciones sociales eran atractivas, sino también las económicos. Impulsada por el millonario Jorge Pasquel, la Liga Mexicana ofrecía grandes salarios y prestaciones para tener la mejor calidad posible de espectáculo beisbolístico en los parques mexicanos.

“Y otra cosa: que no te digan que los dueños de los equipos en las Ligas Negras de Estados Unidos pueden igualar los salarios que se pagan en la Liga Mexicana”, explicaba Wells. “Newark me ofreció un buen salario, pero no hay forma de que puedan igualar lo que obtengo aquí. El Veracruz, y los otros equipos en la Liga Mexicana, son patrocinados por grandes empresas o por empresarios ricos. Si quieren un pelotero de los Estados Unidos, pueden conseguirlo simplemente pagando más que los dueños estadounidenses”.

Aquella gran entrevista que le hizo Wendell Smith al Diablo Wells llevaba la intención, por parte del jugador, de dejar en claro que su salida de Estados Unidos era una protesta, más que una decisión económica. El problema no eran las Ligas Negras, los Newark Eagles o sus dueños. El problema de raíz radicaba en los prejuicios raciales que imperaban en Estados Unidos.

“Me iba a quedar en los Estados Unidos y jugar para Newark, simplemente porque quería quedarme en casa por un año. Sin embargo, los propietarios del Veracruz me hicieron una oferta tan alta que no pude rechazarla”, explicaba Wells. “Entiendo que los propietarios de Newark estén molestos, pero también creo que un pelotero, o cualquier trabajador, debería poder aprovechar cuando le llegan mejores oportunidades. No dejé Newark para irme con otro equipo de los Estados Unidos. Realmente dejé el país. Me parece que tengo el perfecto derecho de hacerlo”.

Una de las principales razones por las que volví a México, es porque aquí he encontrado libertad y democracia, algo que nunca encontré en los Estados Unidos. Allá se me etiquetaba como negro, y todo dependía de ello. Todo lo que hacía, hasta jugar beisbol, estaba regulado por mi color. Ni siquiera me daban oportunidad de jugar en Grandes Ligas porque soy negro, a pesar de que aceptaban cualquier otra nacionalidad”.




En México pasaban cosas inusitadas para los esquemas raciales que prevalecían en Estados Unidos. En la Liga Mexicana, un jugador estadounidense de raza blanca, podía tener un mánager negro. O un jugador negro podía tomar el lugar de una leyenda blanca. Eso lo vivió Willie Wells en carne propia.

En 1944, Rogers Hornsby, pelotero estadounidense de raza blanca y con 48 años de edad, estaba culminando una carrera de leyenda que lo llevó a ganar siete campeonatos de bateo en las Grandes Ligas. Jorge Pasquel lo contrató para ser mánager y jugador de los Azules de Veracruz en ese sueño pasqueliano de que en los parques mexicanos se enfrentaran los mejores peloteros de raza negra, los mejores de raza blanca y los mejores latinos. Pero el legendario jugador ligamayorista no logró hacer funcionar al Veracruz, ni aceptar las condiciones de igualdad racial del beisbol mexicano.

El Diablo Wells junto una leyenda de raza blanca, Rogers Hornsby, ambos con los Azules de Veracruz

El Diablo Wells junto una leyenda de raza blanca, Rogers Hornsby, ambos con los Azules de Veracruz

Jorge Pasquel decidió no tolerar los prejuicios raciales de Hornsby ni su incapacidad para hacer ganar al Veracruz y lo echó del timón. En su lugar, nombró a Willie Wells como mánager. Esa era otra cosa que el Diablo Wells quería enfatizar en la entrevista: es tu habilidad para jugar y entender el beisbol, no tu color, lo que realmente importaba en México.

“Aquí en México, soy un ser humano. Aquí puedo ir tan lejos hasta donde quiera y pueda ser capaz de llegar en el beisbol. Puedo vivir donde me plazca sin encontrar restricción alguna por mi color de piel. Así que, como puedes ver, todo eso tiene mucho qué ver en mi decisión de volver aquí”.

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