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Luis y Melo Almada: La emotiva carrera de dos hermanos por ser el primer mexicano en Grandes Ligas

Melo Almada y su hermano Luis en plena carrera por ser el primer mexicano en Grandes Ligas

En la primavera de 1927, el beisbolista mexicano Luis Almada se integró a la pretemporada de los Giants de Nueva York buscando un lugar en el equipo que arrancaría la campaña. Luis miraba a la historia a los ojos. Nunca antes un mexicano había jugado en las Grandes Ligas. El 6 de abril, el diario Cincinnati Enquirer publicó el roster de los Giants, donde aparecía el nombre de Luis. El mexicano estaba contemplado para iniciar la temporada con el equipo grande el 12 de abril.

Así empezaba la historia de Melo y Luis Almada, dos hermanos en una emotiva carrera por ser el primer beisbolista mexicano en las Grandes Ligas. Una lucha no sólo contra su sangre, sino también contra su color de piel y su nacionalidad. Una carrera, entonces, contra la historia.

Los Almada, desplazados por la Revolución Mexicana

La familia Almada había migrado en 1913 de Sonora rumbo a Estados Unidos cuando Luis tenía entre cinco y seis años. Con ellos iban sus otros seis hermanos, incluido Baldomero, “Melo”, con unos meses de nacido.

La migración fue apresurada. El presidente Victoriano Huerta le había puesto precio a la cabeza de don Baldomero, el patriarca familiar. La familia Almada apuró su salida rumbo a Tucson, Arizona, para luego trasladarse a Los Ángeles, California, unos años después.

Don Baldomero Almada, hombre culto de la élite sonorense, había heredado de su padre una red de buenas relaciones políticas, y amasó una fortuna razonable. Los Almada, entonces, provenían de una familia acomodada. El trabajo de don Baldomero obligó a la familia a una vida itinerante. Luis nació en El Fuerte, Sinaloa, y Melo en Huatabampo, Sonora. Los Almada serían educados en buenas escuelas ya en Estados Unidos. Eso les abriría las puertas del beisbol profesional que seguía vetado para los jugadores de raza negra y estrictamente limitado para los peloteros latinos.

Ni Luis ni Melo fueron productos del beisbol mexicano. Los Almada conocieron el beisbol ya viviendo en Estados Unidos. Sin embargo, aunque Luis sólo vivió unos años en México y Melo unos meses, ambos hablaban español a la perfección. Ese era el idioma que se seguía hablando en el seno familiar.

Luis comenzó a destacar en la preparatoria Los Angeles High School como lanzador. En su último año como preparatoriano, Luis llegó a abanicar a 19 bateadores en dos juegos y promedió 14 ponches en sus demás salidas. De inmediato, atrajo la atención de los clubes profesionales. A finales de 1926 llegó una invitación de los Gigantes de Nueva York para que Luis se probara en la pretemporada. Eso, luego de que el legendario Sam Crawford viera al mexicano en Los Ángeles y lo recomendara. El paso era gigante. Luis podía brincar directo, de la preparatoria a las Grandes Ligas.

Luis Almada contra la barrera del color de piel

De inmediato, la nacionalidad y el color de piel de Luis llamaron la atención. Era un beisbol que seguía vetado para la raza negra, y que para 1927 seguía receloso de la diversidad étnica. Para entonces, menos de 20 peloteros nacidos en Latinoamérica habían jugado en Grandes Ligas. La mayoría de ellos habían sido cubanos blancos y todos pasando por un proceso de validación racial. En esa validación la prensa indagaba su genealogía. Había que encontrar alguna liga europea que lo hiciera más blanco y menos latino.

De Luis no podía decirse que fuera blanco. Su color de piel parecía mas bien moreno claro, y en algunas fotos parece hasta tostado por el sol. La prensa hizo su trabajo de legitimar étnicamente a Luis Almada. En una nota describían a Almada como un “colorido zurdo” y yn “pintoresco joven”. Se enfatizaba que Luis era mexicano de nacimiento, pero ya convertido en ciudadano estadounidense. Explicaban que había nacido en México, pero que se había criado en California. Según la misma nota que circuló en un cable a nivel nacional, “la naturaleza colorida del muchacho y su historia lo hacen un miembro interesante del equipo”.

New Castle News, 17 de marzo de 1927

Es decir, que para la prensa, Luis Almada no eran un mexicano como todos. En realidad, se insinuaba que era menos mexicano y más estadounidense. Enfatizaban también que Luis era hijo de un diplomático mexicano, lo que le confería un nivel social superior. “El nivel social mitigaba las dudas que generaba el color de piel o la nacionalidad a los ojos de los directivos del equipo y la liga. Apelar al nivel social para distinguir a un jugador en particular sobre sus compatriotas demostró ser crítico cuando los equipos de Grandes Ligas extendían su búsqueda de talento más allá de Cuba hacia México a mediados de los 30”, explica el académico Adrián Burgos en su libro Playing Americas’ Game: Baseball, Latinos and the Color Line.

Luis, a un paso de ser el primer mexicano en Grandes Ligas

El desempeño de Luis Almada con los Gigantes esa primavera fue irregular.

En algún partido relevó mal y tuvo que ser removido. El New York Times señaló con dureza el 24 de marzo de 1927, que ser relevado “en un juego de exhibición es considerado una de las más grandes humillaciones”. Sin embargo, otros reportes, como el del 1 de marzo en el Belvidere Daily Republican, aseguraba que Almada había opacado a “los otros lanzadores novatos en la práctica”.

Además, el mánager de los Gigantes, John McGraw, elogiaba a Luis, pues “predecía para él un futuro brillante”, según reportó The Anniston Star el 13 de marzo. Días después, el mismo McGraw declaró el 28 de marzo que estaba “muy favorablemente impresionado” con Almada. El talento del joven zurdo de 19 años prometía nivel de Grandes Ligas al grado que a nivel nacional circuló una fotografía de Luis: “La joven sensación del pitcheo con los Gigantes de Nueva York”.

Luis Almada en la pretemproada de 1927 con los Gigantes, foto que circuló a nivel nacional en Estados Unidos

Era el 6 de abril de 1927. Faltaban seis días antes para iniciar la temporada en Grandes Ligas. El The Cincinnati Enquirer publicó el roster de los Gigantes. Aparecían los 35 peloteros que arrancarían la campaña y en el cual aparece enlistado Joseph Louis Almada.

Sin embargo, a pesar de las buenas opiniones del mánager McGraw, Luis Almada nunca vio acción en la temporada regular. Un mes después, el 18 de mayo, se anunciaba que dejaba a los Giants. Sería enviado a su equipo sucursal de Ligas Menores en Albany.

¿Por qué no jugó Luis con los Gigantes?

Las razones por las que Luis no lanzó una sola pelota en el mes de temporada regular que estuvo en el equipo grande de los Gigantes siguen generando versiones encontradas.

El investigador Carlos Bauer escribió un obituario cuando Luis Almada falleció el 16 de septiembre de 2005. Ahí, Bauer asegura que Luis Almada fue su amigo y que grabó más de 60 horas de conversaciones con él. Sobre las razones por las que nunca jugó con los Gigantes, Bauer argumenta que Luis “se lastimó cuando el equipo jugaba en la costa este y por lo mismo nunca jugó un partido en el venerable Polo Grounds (casa de los Gigantes)”.

Sin embargo, esta versión es poco probable pues la baja de Luis Almada con los Gigantes fue reportada el 19 de mayo y dos días después, el 21, ya estaba lanzando con su nuevo equipo en Albany. Las razones para que no se quedara con los Gigantes aparentemente no obedecían a lesión alguna, sino que simplemente el mánager John McGraw no consideraba que Almada estuviera listo para las Grandes Ligas.

El roster de Grandes Ligas de los Giants para abrir la temporada 1927, publicada por el The Cincinnati Enquirer el 6 de abril de ese año

Esta posibilidad cobra fuerza con un reporte del Bridgeport Telegram el 9 de abril, apenas tres días antes de empezar la temporada. “McGraw tiene dudas sobre Luis Almada, el joven preparatoriano de 19 años de Los Angeles”, informaba. “Si Mac puede encontrarle al joven un mánager de Ligas Menores que se reconozca por su habilidad de enseñar y manejar a jóvenes lanzadores, entonces lo mandará a sucursales. Pero si no puede encontrar la escuela correcta para el mexicano, entonces lo conservará con él”.

Y así ocurrió. John McGraw definió que Luis Almada debía seguirse desarrollando en Ligas Menores antes de actuar con el equipo grande de Nueva York y optó por mandarlo a Albany, donde Luis tuvo una estancia corta. Apenas actuó en dos juegos, donde ganó uno. Ya no quiso seguir en Albany, y para finales de julio estaba de regreso en California.

“(Luis Almada) está de regreso en la costa (oeste) como agente libre”, reportaba el diario Brooklyn Daily Eagle el 21 de julio. “El joven estaba poco familiarizado con las formas de las Ligas Mayores y fue enviado a la sucursal en la liga Nueva York-Pennsylvania. Los Giants luego quisieron enviarlo a Richmond en la Liga de Virginia. No quiso ir ahí, y recibió su baja incondicional”.

En ese momento Luis Almada no lo sabía, pero con su negativa a permanecer en el sistema de los Giants de Nueva York había cerrado la puerta para jugar en las Grandes Ligas. No habría otra oportunidad igual.

El regreso de Luis a California

Para mediados de 1928, Luis estaba dispuesto a relanzar su carrera y se integró al equipo Hollywood Stars, y al año siguiente a los Indians de Seattle, ambos equipos de la Liga de la Costa del Pacífico, un circuito profesional de Ligas Menores que se jugaba en la costa oeste de Estados Unidos considerado uno de los más fuertes del país, y de donde muchos peloteros se iban vendidos a Grandes Ligas.

Además de un relanzamiento de su carrera, Almada también pasaba por una reinvención. A partir de 1929, dejaba su posición usual como lanzador para convertirse en jardinero, y desarrollarse en un bate consistente y de gran contacto. En ese mismo 1929 ya estaba bateando por encima de .300 y para 1930 ya estaba disparando 19 cuadrangulares. Como jardinero, Luis reunía una combinación explosiva de cualidades: gran brazo, bateo consistente a la zurda, poder para pegar cuadrangulares, y velocidad para correr las bases. Comenzaba a reunir los méritos para buscar otra vez convertirse en el primer mexicano en las Grandes Ligas.

Luis Almada

El surgimiento de Melo

Mientras Luis empezaba nuevamente a hacer sonar su nombre en el beisbol profesional en ese 1931, una nueva figura se asomaba en su camino. Era su hermano menor, Melo, que con 18 años destacaba en su último año de preparatoria en Los Ángeles, lo mismo en el equipo de atletismo como en el de beisbol, del cual era su lanzador estelar, cuarto bat y capitán.

En la primavera de 1932, Melo había atraído la suficiente atención como para que John McGraw el mánager de los Giants de Nueva York que había probado a su hermano Luis en la pretemporada de 1927, le diera también una prueba al menor de los Almada, según reportó el diario Los Angeles Times el 27 de febrero de 1932.

Melo no tenía planes de incursionar en el beisbol profesional a pesar de las ofertas, pues quería cursar la universidad luego de terminar la preparatoria. Aunque los reportes de aquella prueba con los Giants indicaban que había lucido bien como primera base, Melo no se quedó con el equipo.

Luis recomienda a Melo, y Melo lo deja sin trabajo

Luis estaba convencido de recomendar a su hermano menor para el beisbol profesional, por lo que llevó consigo a Melo cuando reportó a la pretemporada de los Indians en 1932, según informó el diario Santa Cruz Sentinel el 3 de marzo de 1932, y de inmediato, el talento de Melo llamó la atención. “El chico luce con las hechuras de un real pelotero”, afirmaba el diario. Al día siguiente, el mismo diario seguía observando a Melo. “Parece como si ya supiera cómo manejarse, y sacó una pelota por arriba de la cerca en la práctica de bateo”.

Ya en los partidos de exhibición, Melo seguía maravillando. En su primera aparición como titular, disparó un cuadrangular por todo el jardín central. Pero Luis no se quedaba atrás, y al día siguiente se fue de 4-2 con un triple.

Luis y Melo no lo sabían con certeza, pero tal vez lo sospechaban: ambos peleaban un lugar en el equipo. Melo era el adolescente, pero Luis era el que tenía la experiencia, por lo que iniciaba como favorito para el puesto. La prensa especulaba que el plan con Melo era contratarlo y enviarlo a otro equipo de menor nivel para seguirse fogueando.

La competencia era reñida. Para el 5 de abril, Luis aventajaba en los números a la ofensiva bateando .444, mientras que Melo bateaba para .357 pero con tres jonrones en apenas 14 turnos. La prensa ya detectaba la trama que estaban protagonizando los Almada, y el diario Seattle Post Intelligencer circuló una foto de ambos. “En Seattle se desarrolla un acto entre hermanos”, titulaba el diario.

“En Seattle se desarrolla un acto entre hermanos”, decía esta foto que circuló en diversos medios en abril de 1932

Más allá del campo, la trama familiar también se desarrollaba a puerta cerrada. Luis, como hermano mayor, era el negociador a nombre de Melo que aún no alcanzaba la mayoría de edad. Después de un juego de exhibición ante los Gigantes de Nueva York en que Melo pegó cuadrangular, el dueño de los Indios estaba convencido de ofrecerle contrato, pero Luis pensaba que no le ofrecían lo suficiente y lo rechazó.

Eduardo Almada, hijo de Melo, narra en su libro Melo Almada, el primer mexicano en Grandes Ligas, que ante la negativa de su hermano, Melo tuvo que llamar a su padre para solicitarle la autorización para firmar. Don Baldomero accedió y firmó la carta poder para que Melo debutara como profesional. “Se hizo así y finalmente fui propiedad de los Indians de Seattle, contra la voluntad de Luis”, diría Melo en grabaciones que su hijo Eduardo conserva y que registra en su libro.

Luis, sin embargo, no actuaba en mala voluntad. En realidad, velaba por lo que él consideraba que era lo mejor para su hermano. En las citadas grabaciones, Melo narra como Luis lo defendía del resto de jugadores del plantel que pretendían hacerle notar a Melo su condición de novato.

Esa trama no tardaría en tener una definición que resultó dramática. El 17 de abril de 1932 se anunció que Luis era dejado en libertad. “Su despido de Seattle es la culminación de este acto entre hermanos, cuando Luis recomendó a su hermano menor Melo, que salía de la preparatoria, pero rápido el joven (Melo) hizo valer tan bien la recomendación de su hermano mayor, que Luis hoy busca trabajo”, reportaba el Santa Cruz Sentinel. “¿Quién dice que existe el amor entre hermanos en el beisbol? Luis Almada llevó a su hermano al campamento de los Indians. El resultado fue que Melo, su hermano menor, dejó a Luis sin trabajo”, reportaba el Oakland Tribune.

Los hermanos Almada, ambos aún con los Indios de Seattle

Ese día, cuando los Indios despidieron a Luis para conservar a Melo, fue de emociones encontradas en la familia Almada. “Me dolió hasta el alma”, narra Melo a su hijo Eduardo. “A tal grado que me solté llorando como niño. Creía que el mundo se acababa, mientras Luis me consolaba. Ese era el tipo de hombre que fue mi hermano”.

Luis y Melo, frente a frente

Tan pronto como se anunció su despido, Luis consiguió trabajo con los Mission Reds de San Francisco, en la misma Liga de la Costa del Pacífico. Siguió con su buen nivel, mientras que Melo entró en una pronunciada mala racha. Para mediados de junio, Luis bateaba para .308 liderando la liga en bases robadas, mientras que Melo batallaba para consolidarse como titular porque apenas bateaba para .171. La prensa cuestionaba si Seattle había sido inteligente al despedir a Luis para quedarse con Melo. El bajón de rendimiento del hermano menor lo llevó a la banca, donde estuvo más de tres semanas. Fue hasta comienzos de julio que se enfermó el titular George Burns, Melo volvió a ser titular y explotó su bat. Para el 12 de julio ya bateaba .242 y seguía en ascenso.

El despertar de Melo a la ofensiva implicó que nuevamente se creara una competencia involuntaria con Luis. A comienzos de agosto llegó el enfrentamiento del morbo, cuando Mission se enfrentó a Seattle, y con ellos, se toparon ambos hermanos. En total, los Almada pegaron nueve hits ese día. Luis pegó cinco hits en cinto turnos, con tres sencillos, un doble y un triple, mientras que Melo disparó cuatro sencillos en seis turnos. Al final de la temporada, Luis promedió para .320, y Melo alcanzó .311.

El año de 1933 se convertiría en un hito para la historia del beisbol mexicano. Los dos Almada reportaron a sus mismos equipos e iniciaron la temporada calientes con el bat. Pero era Melo quien seguía llevándose los titulares. La agencia AP distribuyó un cable noticioso en que incluía una foto de Melo a quien calificaba como “un seguro prospecto de Grandes Ligas”.

Melo había arrancado de forma explosiva la temporada con diez sencillos y dos dobletes en 29 turnos al bat, actuando como primero en el orden. El mismo cable, publicado el 22 de abril de 1933, aseguraba que “en caso de subir, probablemente se convertirá en el primer mexicano en hacer el grado en las Grandes Ligas”.

A pesar de que a Melo le daban una proyección mayor por tener apenas 20 años, era Luis quien a los 25 seguía poniendo los mejores números en la mejor temporada de su carrera. Para junio, Luis bateaba .382, posicionado como el tercer mejor bateador de toda la liga, y Melo pegaba para .311. En talento puro, sin embargo, Melo era un jugador superior a Luis.

Melo, a los Medias Rojas de Boston

Finalmente, el 3 de julio la familia Almada volvía a ponerse a un paso de las Grandes Ligas. Un cable de AP informaba que Melo Almada había sido vendido a los Red Sox de Boston.

El equipo de Grandes Ligas también había visoreado al equipo de Luis. Sin embargo, pasó de largo por el hermano mayor y compró al infielder Buck Graves. En ese momento, Melo ya bateaba para .335. El diario Los Angeles Times informaba que Melo se quedaría con los Indians de Seattle hasta septiembre. Luego viajaría a Boston para integrarse a los Red Sox.

Según narra Eduardo Almada en su libro, su padre Melo le contó que Luis fue el primero que le llamó para felicitarlo luego de que su contrato fuera comprado por Boston. Melo no supo cómo Luis se había enterado, pero el hermano mayor le deseó “toda la suerte del mundo”.

La prensa insistió sobre la competencia entre Luis y Melo. El diario Los Angeles Record cuestionó a Melo si estaba preocupado por el futuro de Luis, quien había recomendado al hermano menor a los Indians de Seattle, aun bajo el riesgo de perder el puesto, tal como ocurrió. “¿Por qué he de preocuparme?”, respondió Melo, según recupera Eduardo Almada en su libro. “Luis se las arregla por sí solo. Es mejor jugador que yo y estoy seguro de que estará en las Grandes Ligas para finales de año. No será necesario que yo lo recomiende. Los White Sox lo están siguiendo”.

Melo jugó su último partido con los Indians de Seattle el 29 de agosto. Emprendió entonces el viaje cruzando todo el país rumbo a Boston para integrarse a los Red Sox. Llegó el día de hacer historia y Melo Almada debutó. Nacido en Huatabampo, Sonora, Baldomero Almada Quiros, Melo Almada, se convirtió en el primer mexicano en jugar en las Grandes Ligas el 8 de septiembre de 1933. Ese día, enfrentando a los Tigers de Detroit, Melo se embasó con pasaporte en su primer turno y anotó carrera. Ese mismo día, llegó el primer imparable, un sencillo al jardín derecho en su tercer turno.

Melo Almada con los Red Sox de Boston

Además de competir involuntariamente contra su hermano, Melo tuvo que combatir también contra las confusiones que su color de piel y su nacionalidad generaban. Un reportaje en el Sporting News describía a Melo “la joven estrella de piel morena de los Red Sox”, contrastaba con otra nota en la que se aseguraba que Melo, “ni siquiera parece un mexicano, es más alto, más ancho, y considerablemente más claro que la mayoría de los ciudadanos de nuestra hermana república”.

Igual que ocurrió con su hermano Luis en su corto paso por los Giants, a Melo le tuvieron que encontrar un origen europeo para legitimarlo racialmente. El Washington Post llegaría a publicar en 1938 un artículo en el que citaba la genealogía de los Almada hasta situar sus orígenes en la península ibérica para poder darle a Melo un estatus social como de noble.

La historia de Luis Almada, casi olvidada

La histórica carrera entre los dos hermanos la terminó ganando Melo, el hermano menor. La ansiada oportunidad de jugar en Grandes Ligas nunca le llegó a Luis. Y eso, a pesar de que en 1934 llegó a estar liderando la liga en bateo. Hasta 2016, en las Grandes Ligas han jugado más de 120 jugadores nacidos en México. Melo Almada entró al libro de récords como el primer mexicano en las Grandes Ligas. La historia de Luis terminó, injustamente, casi en el olvido.

César González Gómez

Written by César González Gómez

Fundador y Director Editorial de CUARTO BAT. Investigador de los orígenes del beisbol en México.

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