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Marcelino Solís, como un fantasma: La odisea por el autógrafo del mexicano 12 en Grandes Ligas

Marcelino Solís

En la vasta historia del béisbol mexicano hay un nombre extraño, esquivo. Como coleccionista de peloteros mexicanos en Ligas Mayores, el autógrafo de Marcelino Solís, lanzador zurdo potosino que jugó en 1958 con los Cachorros de Chicago, ha sido casi como un tormento.

Pasión de coleccionista

Colecciono tarjetas de beisbol desde 1999, cuando tenía 10 años. Prácticamente de inmediato me enfoqué en todos los jugadores mexicanos; los separé en carpetas especiales. Con el tiempo, los objetivos fueron evolucionando, desde poseer una tarjeta de cada de mexicano en llegar a Grandes Ligas, hasta buscar todas las de un jugador específico como han sido Jorge Cantú, Édgar González y el Cochito Cruz.

De ahí llegó la fase más satisfactoria, enriquecedora y divertida entre todos mis proyectos: buscar el autógrafo de cada mexicano que ha jugado en las Grandes Ligas.

Hoy puedo decir que tengo autógrafos de los 127 peloteros mexicanos que habían llegado a las Grandes Ligas hasta el final de la temporada 2018, en una lista en la que siempre he considerado a Jorge Cantú. Específicamente en pelota, tengo 116 de 127.

Pero, definitivamente, el autógrafo de Marcelino Solís ha sido el más difícil de conseguir. Falleció en 2001, antes de cumplir 71 años.

Podría decir que hasta su lugar de nacimiento es fantasmagórico: Real de Catoce, San Luis Potosí, el hoy llamado “pueblo fantasma”. Solís alcanzó las Grandes Ligas en 1958, sin tener ninguna tarjeta coleccionable previa, pues en un caso curioso, subió al equipo grande de los Cachorros el mismo año que llegó al beisbol de Estados Unidos. Como un fantasma.

La única tarjeta que existe de él es una Topps del set de 1959, que salió cuando él ya se encontraba en ligas menores. Jugaría un año más en sucursales antes de volver a México y nunca más volver a lanzar en Grandes Ligas. No volvió a Estados Unidos ni siquiera como coach de algún equipo de ligas menores o para asistir a algún evento del equipo para aficionados.

Tarjeta Topps 1959 de Marcelino Solís
Tarjeta Topps 1959 de Marcelino Solís

La escasez de su autógrafo

Marcelino Solís es parte de una lista de autógrafos de mexicanos que son complicados de conseguir, porque desafortunadamente muchos ya han fallecido. También en esa complicada lista hay expeloteros como Germán Barranca que decidió dejar de firmar autógrafos hace muchos años y vive en Estados Unidos.

Cuando empecé el proyecto de coleccionar los autógrafos de mexicanos en Grandes Ligas, no imaginaba que la cantidad de firmas de Marcelino Solís en existencia era mínima, casi nula, en cualquier tipo de objeto.

Si no fuera por la situación tan particular que se presentó para adquirirlo, creo que a la fecha todavía no lo tendría. Por varios años, fue el único en la lista de faltantes sin contar a los que recién habían debutado por algunas semanas.  

El día que lo conseguí

Hasta que lo conseguí. El autógrafo –lo recuerdo bien- lo obtuve en febrero de 2014, pero sabía de la existencia de ese objeto firmado, por lo menos desde dos años antes.  Desde que emprendí en serio el proyecto de buscar a todos, diría que pasaron unos cinco o siete años, antes de que algo firmado de puño y letra por Marcelino Solís llegara a mi colección. Por aquellos días, lo anuncié como la primera colección formada de ese tipo.

La historia de cómo conseguí el autógrafo es quizás tan emotiva como lo fue la larga espera. Es una firma en una fotografía de 8 por 10 con tinta azul en el área inferior. Llegó a mí en un gesto maravilloso de un gran amigo.

Es un coleccionista de El Paso, Texas: un estadounidense fascinado por el beisbol mexicano. Por muchos años se ha dedicado a los autógrafos, y en específico, a los de jugadores mexicanos. Aceptó cambiarme el único ejemplar de autógrafo que tenía de Marcelino Solís. Lo había adquirido directamente en Monterrey en 1983, tras realizar un viaje en camión desde Ciudad Juárez hasta Monterrey. En ese viaje conoció a otro exligamayorista mexicano, Vinicio García, quien había coincidido con Solís en los Sultanes de Monterrey de comienzos de los 60, y gracias a don Vinicio, consiguió el autógrafo en esta foto.

En su momento, el autógrafo de Marcelino Solís era tan escaso que la compañía James Spence Authentication (JSA), uno de las más grandes y reconocidas de Estados Unidos, me dijo que no podían autenticar su autógrafo. No contaban con otros ejemplares de su firma para cotejarla. Afortunadamente la competencia, PSA/DNA sí pudo hacerlo.

La famosa 8 por 10, firmada por Marcelino Solís, y por la que esperé años
La famosa 8 por 10, firmada por Marcelino Solís, y por la que esperé años

Otros ejemplares de su firma en existencia

Con el paso del tiempo, he visto más ejemplares del autógrafo de Marcelino Solís que salen a la venta de vez en cuando. Incluso, he sabido que existe otro en el acervo de un gran coleccionista de Ciudad Obregón, Juan Carlos Torres.

En total, diría que he llegado a ver a la venta unos seis ejemplares firmados por Marcelino Solís en diferentes sitios de subastas. Dos han sido en su tarjeta Topps, otros dos en pelota de todo el equipo de los Cubs de ese año y los otros en tarjetas en blanco que han llegado a venderse hasta en 650 dólares. No he visto otra foto como la que tengo.

Para darnos una idea de lo codiciado y costoso que puede llegar a ser un autógrafo de Marcelino Solís, al momento de escribir esto, veo a la venta en el sitio de subastas Ebay una página de cuaderno autografiada y con fecha de 26 de julio de 1958, solo 10 días después de su debut en el equipo grande. El precio: 1,300 dólares.

El mismo vendedor asegura en su publicación que el de Marcelino Solís es uno de los “más difíciles autógrafos de todos los tiempos”, además de que coincide en que la firma “aparece en prácticamente todas las listas de lo que quieren los coleccionistas para completar”.

Firma de Marcelino Solís en 1,300 dólares
Firma de Marcelino Solís en 1,300 dólares

La competencia con los coleccionistas de los Cachorros

El precio me fue prohibitivo por varios años. Cuando lo veía en venta, mi sentimiento siempre era de frustración. Hasta la fecha no he sido exitoso en alguna de las subastas que me ha tocado ver, porque de plano no he podido competir con los coleccionistas de los Cachorros de Chicago.

Y es que un tipo de coleccionismo muy común es por equipos. Todos sabemos la gran tradición y afición con la cual cuentan los Cachorros de Chicago. Sus coleccionistas han sido mi gran competencia por Marcelino Solís; ellos no piensan en si es mexicano. Simplemente es un pelotero de Cachorros que jugó en 1958 y lo necesitan para su colección.

Conozco muy pocos objetos coleccionables sobre el paso de Marcelino Solís por las Grandes Ligas. Existe la ya mencionada tarjeta #214 de Topps 1959. Esa tarjeta tiene una variante con el reverso de color blanco, la otra es gris, y es la #214A. En 2008, Topps incluyó tarjetas de este set en el producto Topps Heritage con estampa de “recomprada por Topps” o “Buyback”. Es decir, tarjetas originales de Topps 1959 que aparecieron en paquetes de 2008. Por lo demás, conozco que existe una foto de Marcelino Solís con los Ft. Worth Cats, y un negativo directamente de Topps, de una foto que no fue usada para hacer tarjetas.  

La primera vez que vi el autógrafo de Marcelino Solís que hoy poseo, fue de gran sorpresa. Estaba acostumbrado a recibir de respuesta “no lo tengo” o “a mí también es el que me falta”. Mi amigo de El Paso que aceptó cambiarme su única firma de Solís, incluyó un escaneo de la foto autografiada, como para convertir ese Santo Grial en algo un poco más tangible.

Un enriquecedor camino recorrido

Es en ocasiones como esta, donde me pongo a recordar y reflexionar sobre la colección. No solo se ha tratado de cazar qué comprar, sino también me ha permitido viajar por el país para conocer a maravillosas personas, ex peloteros que llegaron a lo más alto, que están llenos de anécdotas.

Llego a la conclusión de que aún no puedo creer lo afortunado que he sido durante todo el trayecto, y de paso, la enorme gratitud que le tengo a mi amigo Dana por su generosidad para cederme uno de los más difíciles autógrafos de todos los tiempos. El autógrafo de aquel zurdo mexicano que en 1958 lanzó 15 partidos con los Cachorros de Chicago: Marcelino Solís.

Arturo Arellano Silva

Written by Arturo Arellano Silva

Coleccionista de tarjetas y memorabilia. Médico de profesión. Especializado en la colección de autógrafos y memorabilia de todos los peloteros mexicanos que han jugado en Grandes Ligas.

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