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¿Se batea más en los nuevos estadios de Mazatlán y Los Mochis?

El nuevo estadio Teodoro Mariscal en Mazatlán

Mazatlán y Los Mochis presentaron este año parques reconstruidos, prácticamente construidos desde cero en el mismo punto donde estaban los parques anteriores. Hay varios cambios de diseño que podrían alterar la dinámica de béisbol que ahí se ha venido jugando.

Una de las cosas en las que la tradición beisbolera y las métricas avanzadas más de acuerdo están, es en el hecho de que los parques afectan el juego. Hay parques en los que el aporte ofensivo de un equipo se ve inflado y otros en los que el favorecido resulta el pitcheo.

¿Cuánto influye un parque en el juego?

El primer factor que salta a la mente al hablar de la influencia de un parque en el juego es la altitud sobre el nivel del mar a la que se encuentra. Los lugares cercanos a la costa y de alta humedad suelen ser paraísos del pitcheo. Por el contrario, parques a gran altitud como el de la Ciudad de México, favorecen el bateo.

Pareciera ilógico que la remodelación de un parque afecte el carreraje. Después de todo, la ciudad y el punto donde se encuentra ese parque, con todo y su altitud y humedad, no han cambiado. Sin embargo, esas condiciones no son los únicas que influyen en el desarrollo del juego.

La altitud y la humedad afectan principalmente los cuadrangulares y elevados largos. A menudo es un factor lo suficientemente grande como para que dos batazos “gemelos” resulten en cuadrangular en Guadalajara y o en elevado fácil en Mazatlán.

La importancia de esto es enorme. Sin embargo, simplificar nuestro entendimiento de lo que constituye un parque de pitcheo y uno de bateo ignora las complejas dinámicas que suceden dentro del juego. 

Otros factores de influencia

El uso de pasto artificial suele favorecer la transformación de roletazos en sencillos y de líneas en dobletes. Un parque “cavernoso” y de ángulos difíciles en el jardín suele contener más triples que los demás.

Un estadio en el que la barda se encuentre más lejos pareciera ayudar al pitcheo. Sin embargo, tenemos también que medir que el jardinero tiene más espacio que cubrir, situación que pudiera convertir algunos elevados en dobletes por la dificultad en la colocación defensiva. 

Agreguémosle también aspectos como el “hitters eye”, los horarios de juego, la cercanía del backstop (más espacio para atrapar fly-fouls”). Influye también la existencia de sombras entre la loma y el home, la orientación del sol y de las luminarias, las corrientes de aire y la situación rápidamente puede tornarse compleja. Dicha complejidad implica que dos estadios en la misma ciudad y en las mismas condiciones naturales puedan comportarse de manera diferente por las condiciones específicas de la construcción del parque.

Los casos de Texas y Boston

Como ejemplos exagerados de lo anterior, podemos poner el Globe Life Park, casa de los Rangers de Texas y el Fenway Park de Boston. En Arlington, el horario de juego cambia las corrientes de aire que atraviesan el estadio; de tal forma que es un parque de pitcheo a las 2:05pm y un paraíso del bateo a las 7:05pm. Esto, además, es acentuado por “Greene’s Hill” que se encuentra detrás de la loma y parece ofrecer mejor visibilidad al bateador en las noches que a mediodía. 

El de Boston, a pesar de situarse en una ciudad costera, ofrece una cerca baja en el jardín derecho, una barda alta y a corta distancia en el izquierdo. Además, el callejón “derecho-central” es el más grande de todas la Grandes Ligas. Esto da como resultado que sea un parque que ve muchos jonrones, pocos dobletes por el izquierdo y la mayor cantidad de triples de la liga. 

Por estos factores, hace sentido entonces medir el “Park Factor” de un estadio remodelado para compararlo con su versión anterior. Cabe señalar que más que una remodelación fue una reconstrucción. Aunque siguen en el mismo punto geográfico, las tribunas anteriores se derrumbaron y se construyeron otra vez, alterando algunos contornos y dimensiones.

Una nota importante es necesaria aquí. Para que nuestros datos sean significativos estadísticamente, el rigor nos pediría tener una muestra de al menos tres años, el ideal sería de cinco. Sin embargo, dado que sólo tenemos registro de 34 juegos tras las remodelaciones, tendremos que limitarnos a usar esos números recalcando que un margen de error amplio es esperado.

En castellano, que las diferencias entre el histórico y el moderno deben ser considerables, para poder juzgarlas como consecuencia de la remodelación y no culpa de la poca cantidad de juegos disponibles. 

Los nuevos Park Factor en Mazatlán y Mochis

En otras entregas he explicado cómo calcular el Park Factor de cada estadio. A manera resumida, comparamos la cantidad de carreras que anotan dos equipos jugando en dicho lugar con las que anotaron cuando se enfrentaron en otro diamante. En esta ocasión, incluiremos también el Factor de HR.

Veamos pues los resultados:

2015-172018
CarrerasHRCarrerasHR
Mazatlán 79.845.210251.4
Mochis102.414597122

En la tabla anterior, 100 representa el promedio de la liga, generalmente un “parque neutral”. Mientras más cerca esté el parque del 100, más neutral es. Mientras más arriba de 100 esté es más propenso a la ofensiva, y mientras más abajo esté es más favorable al pitcheo. Entonces, un 80 representa que se anotan 80 por ciento de carreras de lo que se esperaría en un parque estándar, es decir, se anota un 20 por ciento menos que en un parque neutral.

Los cambios en Mazatlán

Ambos estadios nos presentan un dilema interesante. Mazatlán tenía un factor de HR bajísimo, minúsculo, de 45.2 y lo ha mantenido este año, con un ligero incremento a 51.4. Es decir, que en Mazatlán se han venido pegando casi la mitad de jonrones que en un parque neutral. Su reputación como asesino de sluggers es bien merecida. Es probable que Sebastián Valle pudiera haber conectado 9 jonrones y no 6 si jugara de local en otra ciudad del Pacífico que no sea Mazatlán.

Sin embargo, a pesar de que generalmente el Teodoro Mariscal ha sido uno de los parques más favorables para el pitcheo en todo el país, este año no mostró ventajas en favor de los lanzadores en cuanto al carreraje. Se mostró como parque neutral.

Como lo demuestra la tabla, entre 2015 y 2017 presentó un Park Factor de 79.8, y en 2018 esa cifra fue de 102. Es decir, que el carreraje en el nuevo Teodoro Mariscal se incrementó en poco más del 20 por ciento. En términos del carreraje que se genera, el parque reconstruido dejó de ser súper favorable para el pitcheo y se convirtió en un parque neutral y balanceado en carreraje.

Una posible explicación para este extraño fenómeno es que el Teodoro Mariscal fue por mucho el estadio donde más errores se cometieron (13 más que en Navojoa que quedó segundo). Si esto ocurrió debido a la iluminación o la calidad del pasto, o a alguna corriente de aire nueva recorriendo los nuevos contornos de la construcción, lo ignoro. Pudiera ser buen material para una investigación futura. 

El nuevo estadio Teodoro Mariscal de Mazatlán

¿Cómo se ha comportado el nuevo Emilio Ibarra Almada?

En el caso del Emilio Ibarra Almada de Los Mochis, también reconstruido en el mismo punto del parque anterior, la tendencia es más predecible.

A pesar de una considerable caída en la cantidad de jonrones, el carreraje disminuyó muy poco. De hecho, mi análisis general de la casa de los Cañeros no cambia demasiado después de la remodelación.

Es cierto que el otrora paraíso del cuadrangular ahora es un parque que contiene un poco más la bola dentro del terreno. Sin embargo, sigue siendo un estadio de carreraje promedio y de muchos batazos de cuatro esquinas.

En cuanto a carreraje, el PF de años anteriores en Los Mochis fue de 102.4 y el de este año fue 97. Es decir, que se redujo en poco más del 5 por ciento, pero siempre muy cerca de la neutralidad.

Los jonrones siguen siendo abundantes en Los Mochis, pero con una reducción significativa. De 145 bajó a 122, un bajón del 23 por ciento. Sigue siendo jonronero, pero no tanto como antes.

El reconstruido estadio Emilio Ibarra Almada de Los Mochis
El reconstruido estadio Emilio Ibarra Almada de Los Mochis

En espera de más datos

Antes de cerrar, quisiera recordarle de nuevo al lector algo que es muy importante: tendremos que esperar al menos otros dos años para poder tener datos más concluyentes de cada uno de estos diamantes para saber si nuestros datos son estables. 

Muchas cosas extrañas pueden pasar en un campo de béisbol y 34 juegos no son suficientes para estabilizar esas anormalidades. Así como un bateador necesita tomar unos 200 turnos al bat para demostrar de qué está hecho, también estos remodelados estadios deberán albergar unos 100 juegos, al menos, antes de sacar conclusiones. 

Por lo pronto, vale este primer análisis para estudiar los comportamientos preliminares de los dos parques más recientes en ser reconstruidos en la Liga Mexicana del Pacífico.

David Velázquez

Written by David Velázquez

Matemático por la UNAM. Actualmente se desempeña como analista sabermétrico en los Toros de Tijuana en la Liga Mexicana de Beisbol. Colaborador de CUARTO BAT desde 2017.

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