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Un diamante para todos: El ideal con que el Salón de la Fama del Beisbol Mexicano superó a Cooperstown

Josh Gibson

El Salón de la Fama del Beisbol Mexicano tiene entre sus grandes logros el haber sido una institución visionaria y humanista. Y lo ha sido, desde antes incluso, de tener una sede física en Monterrey. En ese aspecto, el recinto mexicano le ganó una partida fundamental al Salón de la Fama estadounidense con sede en Cooperstown. Y ese paso fue el de reconocer a los peloteros de raza negra que habían sido severamente discriminados en Estados Unidos.

Al cerrar la década de los 60, permanecían en el olvido los estelares de las Ligas Negras. Aquellos que brillaron en una época en que se les prohibía jugar en Grandes Ligas por su raza. Para entonces, y desde 1947, el beisbol en Estados Unidos ya había logrado la integración racial. Ya habían transcurrido 23 años desde que Jackie Robinson había derribado la barrera del color. Cada vez en mayor número, los peloteros de raza negra llegaban a las Grandes Ligas. Era conveniente esconder bajo el tapete la suciedad del racismo de tiempos pasados.

En México la historia no se olvidaba

Sin embargo, en México esa historia nunca se olvidó. Desde finales de los 30, todos esos peloteros estelares de las Ligas Negras venían a México a jugar. En 1964, aún no había sede física para el Salón de la Fama del Beisbol Mexicano. Ese año fueron entronizados Martín Dihigo, Lázaro Salazar y Ramón Bragaña, todo ellos, peloteros de raza negra.

El primer pelotero de raza negra en ser inmortalizado por el Salón de la Fama estadounidense en Cooperstown fue Jackie Robinson en 1962. Pero de cierta forma, Cooperstown reconocía lo hecho por Jackie Robinson como el primer pelotero de raza negra al que se le permitió jugar en las Grandes Ligas. No necesariamente se le estaba reconociendo lo hecho en las Ligas Negras antes de 1947. El beisbol segregado que se jugó antes de la llegada de Robinson a los Dodgers de Brooklyn seguía en el olvido.

Inclusión y humanismo en el Salón de la Fama del Beisbol Mexicano

Fue en 1971 cuando el Salón de la Fama del Beisbol Mexicano decidió enviar una nueva señal de inclusión y humanismo. Entronizó a Josh Gibson que sólo jugó parte de 1940 y todo 1941 en México; a Monte Irvin, que solo jugó en 1942; y a Roy Campanella, que solo jugó en 1942 y 1943 en nuestro país.

Hasta entonces, sin duda, esos tres peloteros eran los miembros del Salón de la Fama que menos tiempo habían jugado en México. Sus actuaciones en la Liga Mexicana en esos pocos años fueron monstruosas, pero bajo las reglas de hoy, ese poco tiempo en México no les habría permitido ser inmortales.

Pero el parámetro era otro. Quienes eligieron a esos tres peloteros de raza negra para el Salón de la Fama mexicano le mandaban una señal al mundo. Enaltecían el hecho de que en México se reconoció la igualdad racial varios años antes que en las Grandes Ligas. Campanella jugó en México cinco años antes de llegar a Grandes Ligas, y Monte Irvin siete años antes.

Más que el tiempo de estancia, era el simbolismo y la incluión. Era una decisión que tenía resonancias más sociales y humanistas que deportivas. Y ese simbolismo le costó un poco más de tiempo y reflexión a Cooperstown.

Foto de Josh Gibson, en exhibición en el Salón de la Fama, entronizado en 1971
Foto de Josh Gibson, en exhibición en el Salón de la Fama, entronizado en 1971

El libro del beisbol segregado que revolucionó a Estados Unidos

En 1970 se publicó en Estados Unidos un libro que lo sacudió todo. Only The Ball Was White de Robert Peterson. Cómo bien lo dice el título, cuenta la historia de aquellas ligas en Estados Unidos, en las que lo único blanco era la pelota.

Era la historia de las Ligas Negras, los circuitos independientes donde jugaban los peloteros de color cuando no podían hacerlo en las Grandes Ligas. Un libro monumental. Al contar la olvidada historia de las Ligas Negras, emanaban también los testimonios estremecedores. Los de las carencias, injusticias, y vejaciones que vivían los peloteros de color en las ligas segregadas.

Narraba cómo viajaban en camiones destartalados por Estados Unidos. Cómo durante las giras no les permitían orinar en los baños de las gasolinerías. Ni comer en los restaurantes al lado de la carretera, disponibles solo para personas de raza blanca. Cómo les permitían alojarse solo en hoteles decrépitos.

El libro de Peterson fue una bomba que estalló en pleno inicio de los 70. Era la época en que la sociedad de raza negra estadounidense estaba ya organizada en la lucha por los derechos civiles. Apenas habían pasado dos años del asesinato de Martin Luther King. Y también dos años después de la manifestación de los puños negros de John Carlos y Tommie Smith en los Juegos Olímpicos de México 68.

Eran tiempos de gran efervescencia social en Estados Unidos. El libro orilló no solo al mundo del beisbol, sino a toda la sociedad estadounidense, a repensar las Ligas Negras. A darle un justo reconocimiento a esos peloteros que nunca pudieron llegar a la fama o a los grandes salarios, solo por ser de raza negra.

Fue hasta entonces que el Salón de la Fama de Cooperstown se planteó seriamente la necesidad de reconocer a esos peloteros a quienes se les prohibió jugar en Grandes Ligas.

“Tengo que tocar este punto”, escribía Robert Peterson en el epílogo de su libro de 1970, “creo que se le debe dar el reconocimiento en el Salón de la Fama y Museo del Beisbol en Cooperstown a las grandes estrellas del beisbol negro. Pero no en alguna oscura esquina del museo, donde a Rube Foster, Satchel Paige, Josh Gibson y Pop Lloyd se les pueda segregar en un polvoriento rincón, como se les segregó en vida. Se les debe reconocer en el Salón de la Fama, donde los jóvenes aficionados hoy se asombran con las hazañas en bronce de Honus Wagner, Ty Cobb, Babe Ruth y Walter Johnson.”

La primera edición de Only The Ball Was White
La primera edición de Only The Ball Was White

México da el primer paso

Y justo al año siguiente de la publicación del libro, fue el Salón de la Fama mexicano el que dio el primer paso. Era uno grande y decisivo. Inmortalizó a Gibson, Irvin y Campanella, pese a que habían estado poco tiempo jugando en nuestro país.

México hizo primero lo que le pidió Peterson a Estados Unidos y a Cooperstown. El de México fue un reconocimiento amplio y digno para esos peloteros injustamente segregados.

Junto a ellos tres, ese mismo año, se entronizó también a Jorge Pasquel. Era el empresario que más peloteros de raza negra trajo al beisbol mexicano. Pasquel les dio condiciones de igualdad social; les pagó salarios que en algunos casos rivalizaban con los que se pagaban en Grandes Ligas; transporte en tren y alojamientos de primer nivel. Pasquel soñaba con una liga con plena igualdad racial.

Todo eso quedó consignado en el Salón de la Fama del Beisbol Mexicano. Ese momento, Cooperstown seguía debatiéndose sobre qué hacer.

Peloteros negros en México. Josh Gibson, Ray Dandridge, miembros del Salón de la Fama, tanto en México como en Cooperstown
Peloteros negros en México. Entre otros, aparecen Josh Gibson y Ray Dandridge, miembros del Salón de la Fama, tanto en México como en Cooperstown

Cooperstown crea el Comité Especial de Ligas Negras

Finalmente, Cooperstown decidió crear un Comité Especial para reconocer el legado de las Ligas Negras. Ese comité era presidido, ni más ni menos, que por Monte Irvin. Irvin había sido uno de los tres peloteros de color que habían sido entronizados en México en 1971.

El primer pelotero que entró a Cooperstown por este comité fue Satchel Paige. Estaba ponderado como el mejor lanzador de raza negra de los 20, 30 y 40. Otra vez, el de Paige era un caso parecido al de Jackie Robinson; Paige había llegado a las Grandes Ligas en 1948, cuando cayó la barrera del color. Es decir, no se elegía a un pelotero que pasó toda su vida en el beisbol segregado en Estados Unidos. Se elegía a uno que sí había llegado a Grandes Ligas.

Ese primer comité entronizó a Satchel Paige porque alcanzó a jugar seis temporadas en las Grandes Ligas. Recibió una oportunidad con Cleveland cuando rebasaba los 40 años, y tras más de dos décadas en el beisbol segregado. Y no lo hizo mal. Los números de Paige fueron buenos a pesar de su edad. El Comité encontró parámetros de comparación de lo hecho en Grandes Ligas para fortalecer su argumento. Pero era necesario ir más allá.

Un reconocimiento que sea justo y amplio

Robert Peterson lo sabía y lanzó ese poderoso argumento en su libro icónico de 1970, Only The Ball Was White. Fue el libro que agitó el activismo social. Buscaba dar un justo reconocimiento a los peloteros discriminados por las Grandes Ligas:

“Excluirlos (del Salón de la Fama de Cooperstown) bajo el argumento de que, excepto por Paige, nunca compitieron en las Grandes Ligas es poner un estándar que no es solo irracional, sino absurdo. Mientras el Salón de la Fama de Cooperstown no tenga a las grandes estrellas del beisbol negro, la noción de que representa a lo mejor del beisbol es un sinsentido”.

En el Salón de la Fama de México, para 1971, ya había cuatro peloteros de raza negra que nunca llegaron a Grandes Ligas. Lázaro Salazar, Martín Dihigo, Ramón Bragaña y Josh Gibson eran ya inmortales en México.

Josh Gibson, que nunca jugó en Grandes Ligas a pesar de ser uno de los mejores bateadores de su tiempo. Fue entronizado a Cooperstown en 1972, un año después de que lo hizo México.

Y Martín Dihigo era cubano, enorme lanzador, bateador y el pelotero más versátil y completo de su tiempo. A Dihigo también se le prohibió jugar en Grandes Ligas por su raza. Él fue entronizado al Salón de la Fama de México en 1964. Cooperstown lo haría 13 años después, en 1977.

Ese es uno de los grandes orgullos para la institución del Salón de la Fama del Beisbol Mexicano. A lo largo de su historia y de sus fases, incluso cuando no tenía un lugar físico, ha sido una institución de avanzada y de ideales. Esos ideales son los que deben ser el corazón de esta nueva vida del recinto, que se inauguró el miércoles 20 de febrero de 2019.

César González Gómez

Written by César González Gómez

Fundador y Director Editorial de CUARTO BAT. Investigador de los orígenes del beisbol en México.

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