LA PELOTA ES REDONDA
Luis Felipe Alvarez
24 de diciembre de 2025
LA CERTEZA DE LO QUE SE ESPERA
En la década de los ochenta, las transmisiones televisivas de eventos deportivos masivos, como juegos de MLB, NFL, NBA y NHL mostraban con frecuencia un mensaje recurrente entre las gradas. Un cartel con un texto sencillo: “John 3:16”. Era tan habitual que terminó integrándose a la imagen misma de la multitud, replicándose no solo en eventos deportivos, sino también en conciertos y otros espectáculos con amplia cobertura televisiva.
El mensaje hacía referencia a una cita bíblica, ubicada en el Evangelio de Juan, capítulo 3, versículo 16, que dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, más tenga vida eterna.” Este versículo es considerado por muchos, un resumen esencial del mensaje cristiano; fe, redención y salvación.
Fueron los ochenta una época del deporte, en la que los estadios y las transmisiones televisivas aún no estaban completamente tomados por las marcas, ni tapizados de pantallas LED y patrocinadores. Un tiempo en el que el béisbol – y otros deportes -también eran escenario de identidad cultural, creencias y símbolos personales, no solo de negocio y retorno de la inversión.
El personaje detrás de la popularización de estos mensajes en los estadios fue Rollen Stewart, conocido como “El hombre arcoíris” quien pasó de ser una figura pintoresca de la cultura popular a un convicto sentenciado a tres cadenas perpetuas por delitos graves en 1992.
Existe una antigua expresión, “matar al mensajero” que señala el error común de castigar al portador de una noticia en lugar de atender el fondo del mensaje y sus causas. Evitemos caer en el efecto inverso con la historia de Rollen Stewart, porque a pesar del infortunado desenlace de su portador, el mensaje que apareció durante años en las gradas sigue siendo poderoso.
En mi caso, la misma persona que puso un guante de beisbol en mis entonces pequeñas manos de niño fue quien sembró también en mi espíritu la fe en un Dios cercano y amoroso, que desde temprano – y hasta hoy – me acompaña en el camino diario. A veces a mi lado; otras, a una breve distancia establecida por mí mismo; algunas abrazándome, y otras cargándome entre sus brazos.
En los tiempos que vivimos, muchos evitan la expresión sincera de sus sistemas de fe por considerar que su exposición pública puede ser juzgada como fanática, irrespetuosa, anticuada o políticamente incorrecta. Vaya cosa.
El lanzador dominicano Framber Valdez continúa en la agencia libre como uno de los pitchers más importantes disponibles en el mercado. Pilar de la rotación de Houston hasta la temporada 2025, Valdez ha hablado abiertamente de su fe cristiana como eje central de su vida personal y profesional, y de cómo, a partir de esa convicción, ha canalizado recursos propios para financiar la construcción y remodelación de iglesias en zonas rurales y barrios humildes de su país.
Valdez creció en condiciones de extrema pobreza en Sabana Grande de Palenque, República Dominicana. Vivió carencias estructurales profundas y, en muchos casos, la iglesia fue uno de los pocos espacios de apoyo en su entorno. Desde esa experiencia, ha expresado que Dios le otorgó una plataforma -el béisbol- para regresar algo a su comunidad; y que la construcción de iglesias representa la creación de espacios de esperanza, orden y acompañamiento social, para niños que sueñan con un futuro distinto.
El mismo Valdez que realiza estas acciones fue también objeto de críticas por dos incidentes ocurridos durante la temporada 2025. El primero se dio en julio, tras una derrota ante los Nacionales de Washington, cuando cuestionó públicamente la colocación defensiva de sus jardineros, señalando que un rodado que supera la segunda base no puede terminar hasta el fondo del terreno sin que haya un outfielder en posición de cortarlo. El segundo episodio ocurrió frente a los New York Yankees, cuando, visiblemente enojado por la secuencia de lanzamientos solicitada por su receptor, ejecutó un envío distinto al acordado que terminó golpeando al cátcher César Salazar.
Al final, todos somos una mezcla de claroscuros, gente buena cometiendo errores; personas imperfectas intentando hacerlo mejor. Con la posibilidad permanente de corregir el rumbo, aun sabiendo que volveremos a fallar, pues como recuerda la Biblia: “el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.
Quien escribe esta columna desea, en esta Nochebuena, compartirles un deseo sencillo y sincero. No se me ocurre una mejor forma de hacerlo que con las mismas palabras que durante años, aparecieron en las gradas y en las pantallas del deporte que tanto amamos. Para todos ustedes: John 3:16
La pelota es redonda
Pero viene en caja cuadrada
Luis Felipe Alvarez
luisfe143102@gmail.com
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