Por Luis Felipe Morales
CON EL TIEMPO LAS COSAS CAMBIAN
Escribo esta columna a escasos 15 metros del punto donde las olas del golfo de México rompen sobre la arena de las playas del puerto de Chuburná. Frente a mis ojos, el mar se extiende hasta donde alcanza la vista y, a lo lejos, parece fundirse con el cielo azul.
Recuerdo que, cuando era niño, veía a mi padre nadar al amanecer en esas aguas, yo insistía en acompañarlo, aunque algunas veces terminaba observándolo desde la orilla, desanimado por lo fría que estaba el agua en esas horas.
Hoy por la mañana lo tomé de la mano. Caminamos por la misma playa y entramos al mismo mar, cuyas olas parecen mantener intacto el ritmo de aquellos días. Mi padre, hoy de 82 años, y yo no podemos presumir de lo mismo. Con el tiempo, las cosas cambian.
El beisbol tampoco ha sido inmune a esos cambios. Hace algunos años, un bateador con promedio de .318 habría sido considerado una estrella indiscutible, más aún si pudiera presumir tres títulos de bateo consecutivos. Hoy, sorprendentemente, una parte importante de la conversación alrededor de Luis Arraez consiste precisamente en cuestionar su condición de jugador estelar.
El venezolano conquistó su primer título de bateo con Minnesota en 2022 con promedio de .316, repitió con Miami en 2023 bateando .354 y volvió a hacerlo con San Diego en 2024, con .314. Tres coronas consecutivas con tres equipos diferentes. Nadie lo había conseguido antes en la historia de las Grandes Ligas.
Tres apuestas a corto plazo por el venezolano y los tres equipos han recibido aquello que esperaban, al mejor bateador de promedio de la liga. Sorprendentemente, esta extraordinaria consistencia no le ha valido para conseguir la estabilidad que brindan los contratos multianuales y que permiten a los jugadores establecer su hogar en la sede del club que decide apostar por ellos a largo plazo.
En 2025, aun cuando Trea Turner conquistó el título de bateo de la Liga Nacional, Arraez volvió a liderar el circuito en hits con 181 imparables y se ponchó apenas una vez cada 29.5 turnos oficiales, una cifra extraordinaria en la era actual.
Luis Arraez tiene apenas 29 años, pero juega como si perteneciera a otra época; una en la que una línea que picara entre la tercera base y el jardín izquierdo podía ser tan apreciada como una pelota enviada a las gradas.
Su talento puede parecer sencillo precisamente porque lo ejecuta con naturalidad. Reconoce lanzamientos, protege la cuenta con dos strikes, ajusta el recorrido del bate y posee una capacidad extraordinaria para colocar la pelota donde la defensa no puede alcanzarla.
El beisbol actual, sin embargo, no asigna el mismo valor a todas las habilidades. Los departamentos de análisis privilegian el poder y velocidad de salida (métricas en las que Arraez no destaca), por encima de la capacidad de contacto y de poner la pelota en juego. Características en las que Arraez es un maestro.
El pasado 3 de agosto, los Phillies adquirieron a Luis Arraez procedente de San Francisco. El equipo y la afición le hicieron saber inmediatamente su intención de hacerlo sentir en Philadelphia como en casa. Arraez respondió como él sabe hacerlo: con dos imparables en cuatro turnos y dos carreras impulsadas.
Los Phillies son considerados uno de los equipos con el talento para detener a los Dodgers en su ruta al campeonato. Sin embargo, las últimas dos temporadas terminaron antes de lo esperado. Philadelphia apuesta ahora por obtener de Arraez exactamente aquello que sabe hacer: conectar imparables, producir carreras y generar tráfico en las bases esperando el batazo grande.
Zack Wheeler, Christopher Sánchez y Jesús Luzardo conforman uno de los núcleos de abridores más sólidos de la Gran Carpa. Aaron Nola, en cambio, necesita mejorar su 5.55 de efectividad para darle a Philadelphia la profundidad que una rotación de campeonato necesita.
La incorporación de Arraez, aunque lejos de ser el movimiento más estruendoso de la fecha límite de cambios, puede terminar convirtiéndose en el ajuste estratégico que hacía falta a los Phillies para acercarse al objetivo que llevan años persiguiendo. Si eso ocurre, tal vez Luis Arraez pueda guardar por fin las maletas y recibir la oferta de largo plazo que nadie antes le ha ofrecido.
Después de todo, tal vez Luis Arraez no ha estado jugando en el tiempo equivocado, sino en el lugar incorrecto. Con el tiempo sabremos si su llegada a Philadelphia puede hacer que las cosas cambien.
La Pelota es Redonda
Pero viene en caja cuadrada
Luis Felipe Alvarez
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